martes, 24 de febrero de 2009

"Mi versión de los hechos"

Ya bien lo dijo mi sabio padre: SU versión de los hechos. Cada uno tiene su propia versión, quizás sin darse cuenta, va cambiando radicalmente durante su vida. Quizás cambia tanto, que hasta adopta versiones opuestas, y se olvida de su versión anterior, y no puede admitir que ésa antes, era su manera de ver la vida.
El remisero odia a la vieja que se sienta en el auto y no para de hablar un segundo. Mucha gente, odia al remisero porque apenas uno se sube, el tipo empieza a hablar y no calla (y quizás uno no venía con muchas ganas de hablar). Qué pasaría si el remisero un día se sienta en el asiento de atrás, y no quiere hablar; y la vieja chismosa es la que conduce y le cuenta sus historias, y el señor, sentado atrás entiende qué feo es tener que conversar cuándo uno no tiene ganas (pero tampoco quiere pasar por antipático). Y tal vez es al revés, la vieja está cansada de escuchar gente, y el remisero, excitado por que ha tenido un excelente día empieza a contárselo...

El colectivero siempre está del peor humor. Uno no puede hacerle una pregunta, porque el tipo siempre está irritado. En una conversación con un ex-colectivero, escuché su versión de los hechos:"yo trabajé en esa línea durante 15 años, y no soporté más a la gente: cuando la máquina no funciona me echan la culpa a mí, y cuando no saben donde ir, y se pierden, también yo tengo la culpa. Si la señora embarazada no tiene lugar donde sentarse, es culpa del colectivero porque sigue dejando que suba gente, y si no paro, entonces la gente que espera subir al colectivo dice "este tipo es un hijo de ##$%###$&" y cuando la gente no tiene monedas, pretende subir gratis!!!"

Puedo decir que tuve la oportunidad de trabajar como vendedora de trajes de baño, entonces odié a las mujeres que pensaban que la prenda estaba mal marcada, y eran insoportables cuando querían hacer los cambios, y no podían resolver sus acomplejados físicos en el probador de un local.
Millones de veces más, tuve la oportunidad de estar YO en el probador, volviendo loca a la vendedora con mis dudas y mis inseguridades, y en ese momento supe, positivamente, que me estaba odiando.
Claro, en una vida uno no tiene tiempo de estar hablando con cada persona que está en el mundo, a ver cómo se siente, y qué tal sería ponerme en su lugar, y mucho menos de ir por la vida experimentando todo lo que se le ocurra
Pero si nos permitiéramos hacer el gran esfuerzo de escuchar, por lo menos entenderíamos un poco más la vida.

Y aún cuando escucháramos todas las historias, tampoco podríamos recordarlas (ya tenemos bastante con la propia). Entonces, lo único que queda es tomarnos un segundo para pensar que cada vez que hacemos, decimos, pensamos, sentimos, o soñamos algo, es solamente, una insignificante parte de la realidad, NUESTRA versión de los hechos.

jueves, 5 de febrero de 2009

NUNCA DIGAS NUNCA

“No, yo jamás haría eso…”

Uno ya no puede hacer afirmaciones ni siquiera por uno mismo, porque nunca sabe que va a terminar haciendo, ni diciendo.

“Nunca saldría con alguien así”
“Ah no! Yo acá no duermo eh…”
“Es muy caro, yo esa plata no la voy a pagar…”
“Jamás permitiría que esto interfiera en mi vida personal”
“Nunca compartiría un hombre con una amiga”
“Nunca le voy a meter los cuernos a nadie!!!”

Frases hipócritas!!!!

Después de terminar durmiendo como refugiada, contando monedas para comprar sanguchitos, pedir prestado para comprar una cerveza, esperar horas un colectivo al rayo del sol para que me perdone 50 centavos, dormir en un rancho con pulgas, sacar agua de pozo que ni siquiera servía para lavarse los dientes, robar brasas de un asado vecino para terminar de cocinar el propio, vivir con la misma ropa tres o cuatro días, desayunar en una cancha de futbol solo porque ahí adentro llovía menos, tomar café con leche y agregarle azúcar con yerba, y ya con un viaje casi-frustrado en mi haber, y tantas pero tantas otras cosas vergonzosas puedo afirmar que:

No es recomendable jugarse a afirmar ciertas ideas. El precio que se paga después es muy alto.
Mas vale ahorrar palabras, papelones, y explicaciones.
Nunca digas nunca, no te conviene.
Prefiero no saber qué será de mí en unos meses, y llevar la incertidumbre con la frente bien alta. Por lo menos no me esclavizan mis propias palabras!!!!!