miércoles, 25 de agosto de 2010

Crítica gastronómica de alto nivel

Cuando el comensal ingresa al sitio, ya puede sentir el aire impregnado de sabrosa humedad. Pero se siente atraído violentamente por un cordón invisible que lo acerca con velocidad a las cajas. Mientras accede, extasiado por el hipnotizante aroma, deberá prestar atención para no colisionar contra un cartel plástico “Caution Wet Floor”. Es que cuando uno ingresa a este sitio presiente casi mágicamente lo que pedirá. La cruda verdad es que no hay mucha opción.


La precoz atención al cliente en este lugar amenaza con hacer olvidar a uno lo que quiere pedir. Es que cuando pudo concatenar sus ideas, inmerso en un mar no imaginario de ruidos, música y niños gritando, ya ha efectuado el pedido. En ese momento algo le notifica que la tiene definitivamente adentro. Los niños ya han celebrado su matrimonio con el pelotero y sus zapatillas han volado al más allá. Es en ese preciso instante cuando Ud. recuerda que ingresó a Mc Donnald´s hace media hora y almorzó en un cósmico santiamén.


Y así, nota que su visita será cíclica, una y otra vez, en recurrentes viajes del pelotero a la caja de los helados, y de ahí al pelotero. Finaliza el recorrido en una farmacia comprando Nopucid y secando con su propia remera la hirviente y juguetona transpiración de sus hijos. Salud, padre, Ud. ha ingresado a las vacaciones de invierno.