jueves, 2 de diciembre de 2010

La mente cortoplacista de un enfermo mental

El problema adquiere estatus de desesperación cuando no encontramos la receta. Muchas veces no existe una fórmula estándar para encontrar la calma. Y nadie puede enseñar a otro como por arte de magia cómo lograrlo. Uno debe encontrar la respuesta por uno mismo. Existen personas que para encontrar la calma deciden dormir largas siestas. Algunos prenden la tele o rezan, otros meditan o recurren al diálogo interno.

Pero ¿Qué pasa cuando creemos que ninguno de estos caminos nos conducirá a la calma?

Entonces nos ahogamos en un mar de palabras cruzadas, poco claras, pensamientos que solo fortalecen al autoboicot. Derroche de energía que adquiere forma de vacío en el pecho. Algunos dirán “Creeme: tomá aire profundamente, imaginate en un campo de….”.

Si. Bueno. Me quedo con la sustancia, que es lo único tangible que nos queda de este mar de pelotudeces metafóricas- y que sí tiene una fórmula.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Lo que nunca se dijo de la infancia de Carlos Gardel



Como en muchos casos de artistas que han marcado un hito en la historia, se cree que casi todo el éxito que Carlos Gardel tuvo en su vida se lo debe su padre.

Carlos Gardel ingresó al colegio Pío IX de artes y oficios en 1901. En realidad hubiera ingresado en el 1900, pero su padre era obsesivo de los números impares; así que su superstición lo llevó a atrasar un año la educación de su hijo. Algunas estimaciones aseguran que si se hubiese tratado de Pío XX o Pío II, jamás hubiera ingresado a la escuela. Lo cual conduce a pensar que la personalidad y las decisiones de su padre llevaron a Carlitos a ser lo que fue, y lo que es hoy. Por más imbécil que hubiera sonado.

Ni que hablar de su gran enfurecimiento cuando no pudo remediar que los pasos de tango se relacionaran con las famosas cuentas “dos por tres” o “dos por cuatro”. Siempre iba a dar par. Eso fue terrible para la familia entera, pero hubo que superarlo.

Creía firmemente en que ciertos juegos eran una mala influencia para su hijo. Nunca comprendió por qué en la rayuela el cielo se encontraba en el número 10 y obligó a su hijo a jugar al revés, llegando al cielo en el número 1.

Quién hubiera pensado que Gardel durante su infancia habría sido un “cualunque contreras”…Grandes conflictos de personalidad detrás de las grandes estrellas. Una historia ya sabida para muchos. Un nuevo descubrimiento para otros.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Crítica gastronómica de alto nivel

Cuando el comensal ingresa al sitio, ya puede sentir el aire impregnado de sabrosa humedad. Pero se siente atraído violentamente por un cordón invisible que lo acerca con velocidad a las cajas. Mientras accede, extasiado por el hipnotizante aroma, deberá prestar atención para no colisionar contra un cartel plástico “Caution Wet Floor”. Es que cuando uno ingresa a este sitio presiente casi mágicamente lo que pedirá. La cruda verdad es que no hay mucha opción.


La precoz atención al cliente en este lugar amenaza con hacer olvidar a uno lo que quiere pedir. Es que cuando pudo concatenar sus ideas, inmerso en un mar no imaginario de ruidos, música y niños gritando, ya ha efectuado el pedido. En ese momento algo le notifica que la tiene definitivamente adentro. Los niños ya han celebrado su matrimonio con el pelotero y sus zapatillas han volado al más allá. Es en ese preciso instante cuando Ud. recuerda que ingresó a Mc Donnald´s hace media hora y almorzó en un cósmico santiamén.


Y así, nota que su visita será cíclica, una y otra vez, en recurrentes viajes del pelotero a la caja de los helados, y de ahí al pelotero. Finaliza el recorrido en una farmacia comprando Nopucid y secando con su propia remera la hirviente y juguetona transpiración de sus hijos. Salud, padre, Ud. ha ingresado a las vacaciones de invierno.

lunes, 21 de junio de 2010

Derechos de la mujer soltera (Cont.)

...

14. La mujer soltera puede abusar. Podrá acceder a encuentros cercanos con adultos menores a su edad, siempre y cuando parezcan de más de 18 años. No se solicitará D.N.I. ni fecha de nacimiento verdadera. La mujer soltera es soltera, pero tiene criterio.


15. Los derechos que aquí se alistan pierden vigencia el día que la mujer soltera asuma que está comprometida en una relación con otra persona. Ni antes ni después.


15. (Bis) La mujer soltera no puede asumir que está comprometida en una relación si no acepta formal y verbalmente el cambio de estado sentimental. La mujer soltera es soltera, no mentalista-y mucho menos pelotuda.


16. La mujer soltera utilizará el recurso de la mentira como herramienta anti-depresión cuando le venga en gana. Quien escuche alguna de sus falacias no deberá bajo ningún punto de vista llevarle la contra. Recordar cuidar la salud mental de la soltera.


17. Para esta entidad, la mujer cornuda es considerada como soltera. Estos derechos retoman su vigencia automáticamente en el mismísimo momento en que la mujer no soltera se entera de que la cagaron.


18. Será comprendido bajo la comprensión de esta declaración que la mujer puede ser soltera de por vida si no encuentra nada mejor. (La mujer soltera que se quemó con leche tiene derecho a ver una vaca y llorar. Y vestir santos y hacer valer sus derechos por los siglos de los siglos).


19. Queda exenta -y casi prohibido- para la mujer soltera tener amigos hombres. Podrá tener compañeros, conocidos, amiguitos o “los pibes” pero jamás podrá adjudicar el valor de la palabra “amigo” a un hombre.


20. La mujer soltera podrá solicitar que se agreguen derechos a esta declaración Serán contemplados con benevolencia, cariño y comprensión.

domingo, 20 de junio de 2010

Consuelo se busca

Cuando le cuente a mis hijos qué hacía yo y cuáles eran mis costumbres a los “veinti-ene”, seguro también me avergüence de muchas cosas, pero esto es lo que tengo por ahora. Y no sé si está muy bueno.

Vivo en un mundo en el cuál hay que ir cada vez más rápido y escribir cada vez más cortito. Hablar poco, claro y conciso. Que se aburren y/o no entienden. Audiencias exigentes. Excitante y estúpidamente exigentes al mismo tiempo. Quiénes son esas audiencias y cuáles son las importantes son cuestiones que no tengo tiempo para pensar ahora. Pero también me desespera un poco. Esto se viene encima y uno ya está en el baile. No hay tiempo para pensar. Y bailar sólo temas cortos. Nada de cuatro cuarenta. Y si no se logra expresar todo de manera más breve y decir lo mismo implica alguna falencia comunicacional.

Dado que no manejamos el tiempo necesario para pensar, nos podríamos proponer, por lo menos, anotarnos en un papelito “acordate de pensar en tal cosa”. Para ver si en algún momento nos hacemos un ratito y nos detenemos a pensar.

Pero claro, “anotar en un papelito” es definitivamente obsoleto. Entonces ahora lo reemplazamos por la agenda electrónica y el recordatorio en el celular. Si yo pudiera hacerme una lista de cosas en las que “debería pensar” o “no debería dejar pasar”… pero por alguna razón que no tengo tiempo para resolver, simplemente llegué a la conclusión de que es poco probable darle curso a una acción tan pero tan coherente.

No hay tiempo para escucharnos todos. Sólo tienen que hablar los que tengan algo “importante que decir” y la definición de importante la sustenta la cantidad de tipos que escuchan a ese que habla cortito y fácil.

Tengo miedo de caer en eso. Tengo terror de haber caído en eso y no haberme dado cuenta. ¿Estoy vieja? ¿Estoy adolescente? O es la misma esquizofrenia que tengo en las venas desde que nací, sólo que ahora está expresada en términos de auxilio. O “¡¡Auxilio, estoy pensando!!”

En media hora por reloj, me haré acreedora de 45 temas en versión mp3. En una hora las tengo sonando en mi celular. Y en un día las tiene mi vecino, gratis. Dos meses después pasarán a manos de un encapuchado que me sorprenda en la calle. Auxilio, estoy pensando de nuevo.

El desafío es inventar el tiempo para vivir la vida además ¿no? Vivir, crecer, aprender, bailar, leer, hacer currículum, ver y participar del arte. Además de decir qué estamos haciendo. Yo no sé, pero a mí esto me está costando. Pensé que no iba a perder mi capacidad de escribir algo más largo de cientocuarenta caracteres. Y ahora tengo miedo.

Sinceramente ya estuve pensando esto durante aproximadamente cincuenticinco minutos y no llegué a nada. Y ya tendría que estar haciendo otra cosa. Siguiente. Siga participando. Anote, siga pensando, (¿vuelva a la libreta?) sálvese quién pueda. Esto es 2010.

(Esta reflexión está dedicada a un marciano. Si entendió algo que me explique, ya sabrá dónde ubicarme.)

jueves, 25 de marzo de 2010

Declaración de los Derechos de la Mujer Soltera

1. La mujer soltera disfrutará de todos los derechos enunciados en esta declaración. Estos derechos serán reconocidos a todas las mujeres solteras sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición.

2. Toda mujer soltera tiene derecho a un mambo por mes. Esto implica que si sufriera- luego de una noche de alcohol- una crisis de amnesia completa, tendrá derecho a la información de los hechos transcurridos en los que se haya involucrado a su persona.(Se deberá tener en cuenta el grado de detalle que requiere para una mujer el relato de toda una noche). Finalmente, se la perdonará por todo lo que haya hecho y no recuerde.


3. La mujer soltera tiene derecho y deberá ser comprendida si su deseo es lagrimear sola un domingo entre las 17 y las 20 horas. Deberá contar con por lo menos un (1) medio de comunicación cercano en caso de crisis, si así lo solicitase. Mismo si la mujer estuviera menstruando.


4. La mujer soltera tiene derecho al histeriqueo sin límites y a tener fantasías de lo que sea. Escuchará que alguien externo la aconseje sobre cuál es el límite sólo si ella lo desea. Y no será juzgada de Puta bajo ningún concepto, en ningún momento ni lugar.


5. La mujer soltera tiene derecho al sexo libre y ocasional; y a entregar su cuerpo en la primera cita sin ser catalogada como Fácil, Rapidita, Trola y demás calificativos que refieran a lo mismo.


6. La mujer soltera tiene derecho a elegir. No deberá ser catalogada como “cualquier Bondi la deja bien” solo por el hecho de no tener pareja. Deberá comprenderse que si se encuentra soltera es porque aún no ha encontrado aquella compañía que la satisfaga en su plenitud. Podrá entonces aceptar que se le adjudiquen cargos por ser “muy exigente”. Pero serán tomados como NO A LUGAR si la acusación se hace frente a mucha gente. (Nota: en ámbitos donde más de cuatro o cinco personas opinan, finalmente se terminan aplicando términos como “nada le viene bien” y “está loca”; declaraciones que evidentemente impiden el correcto desarrollo psicológico de la mujer soltera)


7. Se desprende de la cláusula anterior, que la mujer soltera debe ser protegida del amigo soltero que todos tienen. Será protegida también de la violación, del chamuyo tonto y sin límites, del manoseo no permitido y demás alteraciones de la conducta. Además, toda mujer soltera deberá contar con un (1) amigo que oficie de novio, dispuesto a besar pero SIN CONFUNDIR los límites de la amistad- si la situación así lo ameritara- para ahuyentar a la atemorizante figura de “buitre” que suele no darse por vencido fácilmente frente a la frágil mujer soltera.


8. La mujer soltera podrá opinar y participar de conversaciones con amigas en las cuáles cada una habla de su pareja, cuenta anécdotas y pone ejemplos. Podrá recurrir a hablar de viejos ex, amores imposibles, platónicos, fichitas y fijas, con el solo fin de poder participar en la conversación de igual a igual: sin discriminaciones. Y no se le deberá recordar que ésa persona a la cuál recurrió como fuente de información NO es su novio.


9. La mujer soltera debe entrar gratis a los boliches si tiene una ficha difícil de encontrar dentro del establecimiento. Deberá garantizarse que no se dispensarán cantidades excesivas de alcohol, para que ella pueda desarrollar su cortejo sin pasar papelones.


10. La mujer soltera debe ser protegida contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trato entre amigos, apuesta, prenda o maldad de iguales características que pudieran perjudicar su salud o impedir su desarrollo físico, mental o moral. En otras palabras: la mujer soltera es soltera, no un muñeco.


11. La mujer soltera debe ser protegida contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Deberá evitarse el daño psicológico mediante la aplicación de adjetivos calificativos como gorda, gordita, caderona, pechugona, gamboa, culona etc.


12. La mujer soltera necesita amor y comprensión. Esta cláusula deberá ser tenida en cuenta necesariamente para poder hacer valer todas las demás.

lunes, 15 de marzo de 2010

La revelación

Era de noche, estaba en un lugar conocido pero que no era mi casa, y yo feliz de no estar en casa, como siempre huyendo, pero feliz. Llevaba mi computadora conmigo, entonces me sentía libre, como que tenía todo. Aparentemente llevaba junto a mí todo lo material que podría necesitar.


Entonces no se por qué, pero iba en un colectivo que tenía un recorrido muy largo y de esos que dan mil vueltas. Me quedé dormida, pero antes de eso, sabía que iba a soñar con mi casa y con mi familia.


Y en ese instante de conciencia incontrolable que me quedaba, imaginaba-sin querer- diferentes escenas de los disfuncionales monos compañeros de jaula. Mamá a los setentaipico, con anteojos, muy gorda. Una de mis hermanas que se reía, feliz, tenía el pelo mucho más largo y cara de paz, como medio hippie. De la otra solo distinguí el perfil y mi papá creo que no apareció. Esa era como mi familia del futuro, o algo así.


Seguía en ese colectivo, el del camino largo, muchas vueltas y todo. La mochila que tenía no estaba bien cerrada, se le escapaban ojotas y zapatos de taco. No recuerdo haber soltado la computadora mientras dormía- la traía como pegada al cuerpo.


Cuando me desperté estaba cerca de Canal y me dije, bueno, está bien, será que hay que ir a casa. Pero me planté en el deseo de ir, pisar y volverme a ir. No entendía bien por qué todavía no estaba lista, si yo tenía que ir a ver a las Leonas que jugaban en el club. Me había comprometido a ir a ver a las Leonas. Se hacía tarde y estaba medio dormida, como confundida.


Pero todo se había convertido en una odisea, hacía días que no volvía a casa,y no estaba segura si quería llegar tampoco.


Mirando alrededor descubrí que todavía era de noche y que estaba entre dos tipos con pinta de chorros mirándome, a mí y a mi computadora. Intenté juntar las cosas, arreglar la mochila, las ojotas, los zapatos de taco, la compu que se salía por la mochila. Tenía dos mochilas en realidad. Y mientras tanto, torpemente los golpeaba les pedía disculpas con mucho miedo y respeto. Pero estaban lejos de perdonarme y los volvía a golpear de lo nerviosa que estaba y no me perdonaban. Creo que me estaban odiando. Me echaban en cara que yo era rica, que tenía computadora, varios tipos de zapatos. Tenía miedo de que me roben todo, pero contaba con la seguridad de que al estar arriba del colectivo no me iba a pasar nada.


Nos fuimos acercándo a una remisería que conozco y me empezaba a sentir cerca, como "en casa".


-Señor, por favor. Le rogaba al chofer con mucho respeto que me dejara bajar en esa parada.

-Sí, claro, se bajan estas chicas que van a San Fernando, son como seis, seguro te sirve.


Ah, y miro a la derecha, una rubia, Mechi. Nunca fuí amiga, pero iba al colegio, era más chica que yo. Toda rubia y con un cuerpazo. Todos en el colegio hubieran pagado lo que fuera por una noche con la rubia esa. Me hice la amiga y le dije:


-Mechi, ¿cómo estás, vamos juntas en el remís?


Indiferente, la rubia se bajó y pidieron dos remises. Yo asumí que iría en alguno. Pero la remisería se transformó en una casa que yo no conozco y me cagaron. Se fueron y me quedé sola, de noche, en Canal, que no está muy bueno. Me moría de miedo.


Grité con fuerza el nombre de la rubia, la putié, la odié, porque me cagó el remís, y yo confiaba en ella. Por que era de San Fernando.


Y de tanto que grité, el auto volvió, pero me había hecho sufrir y estaba como con un ataque de nervios. Me subí al auto. El remisero me miró mal- por histérica y miedosa supongo.


Mechi, que tenía clase, sabía bien a dónde iba y yo con una facha de perdida que se me notaba hasta en las pecas. Encima estaba sucia y con los bolsos que no sabía bien de dónde los traía. Y todavía no sé por qué estaba tan desesperada.


Llegué a casa a los cinco minutos. Entré pero no encontré a Libia. Dejé la computadora y ya me quería ir de nuevo. Tenía que ir a ver a las Leonas, porque yo ya me había comprometido- que iba a ver a las Leonas, que jugaban a las tres en el club, que bia a ser un partidazo, y ya había dicho que iba. Y no podía faltar.


Antes de irme me ocupé de mojar mi remera de dormir, la de corazones verdes, en un balde lleno de alcohol etílico. Cuando quedó bien embebida y goteando ya estaba lista para salir, sin agarrar nada más.


Papá no entendió nada y se enojó conmigo, que a dónde vas, por qué no avisas, siempre te vas y nunca estás acá-y más cosas de padre. S


Salí enojada y cuando llegué a la reja vi el remís que me esperaba-no sé por qué no me podía ir caminando seis cuadras. Cuando se abrió la puerta del auto salieron sorpresivamente los dos tipos del bondi que me odiaban.


Me querían agarrar por la fuerza para subirme al auto y me gritaban cosas, como diciendo que yo tenía todo, que de qué me quejaba, que era una pendeja malcriada de mierda, y cosas por el estilo. Abrieron la puerta como para llevarme con ellos, pero en eso les tiré mi remera de dormir en la cara, con fuerza, como un cachetazo. Los tipos empezaron a gritar que les ardían los ojos y me puteaban, claro.


Desesperada, fui corriendo de nuevo a casa, pero buscaba las llaves y no las tenía, no tenía nada en las manos ya.


A los gritos, le di varios golpes violentos a la puerta de madera. Yo sabía que papá me tenía que abrir la puerta, si nos acabábamos de pelear y él estaba ahí. Pero no había caso, no me abría.


Hasta que en la misma locura, descubrí que la llave de casa estaba puesta en la puerta y del lado de afuera. Le di una vueltita y entré. Sentí alivio pero toda esa secuencia me había dado mucha bronca.


Estaba tan cansada que solo me salió tirarme al piso y patalear como una nena. Me tiré en el living, ahí al lado de la puerta, a llorar con fuerza y a gritar todo lo que tenía adentro.


Estaba sola, grité hasta que no tuve más voz. Y aparentemente nunca había tenido ganas de ir a ver a las Leonas.


Cuando me desperté seguía agitada pero en mi cama. Y tenía todo mucho más claro.

jueves, 4 de marzo de 2010

Evitable

Compré dos marcadores indelebles para usar en el trabajo, en la casa, ideal para los chicos en el cole, una oferta genial mi amigo: compre tres por dos pesos. Y compré tres por dos pesos. Pero compré tres y me llevé dos. Porque cuando llegué a casa me dí cuenta que el tercero estaba completamente seco.

De todos modos, tenía que darle un poco de utilidad al confuso ofertón y me senté a intentar ordenar los CDs perdidos en mi habitación. Pero para ordenar tenía que rotular. Y para rotular tuve que ver, uno por uno, todos los malditos discos.

Cargué el primero. Música. A mi me gustan las cosas bien hechas. Trescientosesentaidós temas. Hice una lista, por orden alfabético y ordené todas las canciones, que como no tenían nada que ver entre sí, tuve que unirlas bajo el tétrico y nunca bien utilizado Variados. Pero hubiera sido más terrible sacar de la bóveda el viejo De Todo Un Poco. De cualquier modo no estaba satisfecha. Busqué sinónimos, alguna palabra, aunque sea un símbolo, algo que significara eso que yo estaba necesitando para englobar el contenido del inoportuno CD que fui a encontrar, que en ese mismísimo momento necesitaba dejar de ser un CDon Nadie a ser Algún CD. Y quién sabe si un día llegaría a ser El CD.

Algo que los uniera tenía que existir. Algún denominador común tenía que encontrar para toda esa música. Variados moriría en el anonimato en cualquier momento, y para siempre. Yo valoro mucho mis cosas viejas. Y considero que si alguna vez yo creí oportuno grabar semejante cantidad de temas en un CD es porque alguna razón, algo en mi adolescencia, algún recuerdo, fiesta, ocasión, o intento de ocasión debió haberme motivado a eso. Y me enfermaba no saber.

Lo dejé aparte y pasé a otro. Fotos de vacaciones en la costa con amigas. Eso fue más fácil. Simplemente recordar el año y el lugar.

Popurrí es lo peor que le podría poner. No, definitivamente me negué a pensar en el trabajo que me habrá tomado grabar esa música, para que años después venga con un ataque de adultez a ponerle Popurrí. No es por sobredimensionar los hechos, pero: ¿Popurri? Definitivamente, con mi letra, no. Mi letra y mi marcador. Inútil pero barato.

Próximo. Fotos de mi hermana. Mi hermana y las amigas, mi hermana y el novio, mi hermana en Gualeguaychú, mi hermana en Gesell, mi hermana y yo.

Y otra vez con problema de rótulos. La inquietud todavía incomunicada. Yo le hubiera puesto Mi Hermana. Pero no existe un nombre más vacío que ese. Es como ponerse una remera con una flecha que dice Soy estúpido y andar sentándose al lado de los que uno cree que tienen cara de estúpido. El objetivo de poner nombres a las cosas es que todos acabemos teniendo el mismo conocimiento, prematuro, de qué carajo tiene el CD adentro. La mismísima e infinita búsqueda de la objetividad. Eso pensé. Pero sin arrebatos hasta el momento.

Podría haber llamado a mi hermana, para comentarle, brevemente qué fotos contenía el CD, y de ese modo, ponerle el nombre que para mi hermana fuera más adecuado, más contundente para ese cúmulo de recuerdos en versión digital. Pero tenía dos problemas: a mi hermana no le gusta que se metan en sus cosas, y mucho menos que se las ordenen. Y por otro lado a mi no me gusta que me recuerden cuántas ganas tengo de meterme en la vida de los demás y de ordenar. Y tantas ganas, que la llamé igual. Al principio no entendió y después me mandó al carajo.

Uno más. Y la paciencia no se me terminaba. Pero me martirizaba saber que no puedo empezar y terminar una tarea de manera individual. Mis marcadores, mis CDs, mis etiquetas. Pero tengo que llamar a mi hermana y me marchito.

Diversos. Demasiado formal para un rejunte de música púber, que definitivamente, se ve que debe haber marcado una época de diversión y esas cosas. Y no le iba a poner Diversos. Y tampoco Mezcla o Mezcladito porque no era panqueques. Era un CD. Y tampoco podía precisar cuán púber era.

Próximo. Un archivo de Word 2003 de una autobiografía que tuve que escribir para el colegio. No sé cuántos años tenía, pero fue sumamente curioso leer lo que yo pensaba de mí a esa edad, y cuántas cosas pensaba que sabía. Afirmaba con total convicción frases sobre hechos que hoy no existen. Y creía firmemente en no hacer lo que hoy es mi rutina. Pensé que jamás me perdonaría perder semejante amuleto, símbolo de pueril e inocente ignorancia. Y le puse así. Pueril e inocente ignorancia, porque me pareció genial.

Pero después me arrepentí. Porque ya hablamos este tema. Uno los pone para que todos entiendan a lo que refiere. Y eso sólo lo entendía yo.

Por suerte no eran tan indelebles como pensé que eran cuando adquirí la genial oferta, así que, haciendo honor a la gran pelotudés que hice cuando compré esos dos marcadores, me chupé el dedo y lo borré. Yo en 2003.

Me molestaba no saber exactamente cuántos años tenía. Sí, lo hubiera podido resolver con una cuenta fácil. Pero el hecho de tener que pensar en números me revolucionaba. Y yo estaba ordenando. ¿Cómo se supone que alguien va a ordenar en el medio de una revolución?

Es más. Ya me había revolucionado cuando compré las tres mentiras. El hecho de intentar pensar cuánto estaba pagando cada uno, si venían tres por dos pesos… el sólo intento me provocó rascarme la cabeza con unas ganas incontenibles. Siempre me pica la cabeza cuando los números se obstinan y no terminan redonditos, como el 1, el 4, o el 5643. Así que creo que finalmente el hecho de que sólo dos de los tres funcionaran me terminó de calmar. Y en un punto, florecí de nuevo.

Próximo CD. Un archivito de Word: “La teoría del deseo profundo”. Una nota de una chica oriental, una tal Yoo que sostiene la hipótesis de que los resultados exitosos y las cosas buenas que se logran en la vida no se consiguen mágicamente, sino mediante una única receta: desearlo fuerte. Pero fuerte en serio. Me cayó bien. En mi mundo eso se llama hinchar las pelotas hasta que lo conseguís. Tenía casos, experiencias reales, fundamentos. La guardé, claramente bajo el título de “La teoría del deseo profundo”. Entonces se hizo más fuerte mi deseo de encontrar ese nombre que buscaba para el CD con temas inconexos entre sí. Yoo estaba segura de que si lo deseaba fuerte, entonces lo iba a lograr.

Seguí así por horas. Encontré cosas mías, viejas, cosas ajenas y cosas que quizás no debería haber encontrado. Nombré a todas y a cada una de ellas. Y cuando llegué al CD número setentiocho se me acabó la segunda fibra. Y estaba despeinada. Ahí recordé que todo tiene un final. Fue como enfermarse, darse cuenta que uno es mortal.

Estaba deseando tan pero tan fuerte terminar, que suspendí la búsqueda del nombre adecuado por un tiempo. Porque con la peor de las suertes, amanecería en un par de horas y yo seguiría seguramente, ordenando y rotulando. Y sin dudas me quedaría sin tinta de manera inminente y el CD sin nombre. No me lo hubiera perdonado jamás.

Y ahí están juntos: el CD limpio, la fibra a estrenar y el deseo. Que aparentemente todavía no es tan fuerte. Y eso es lo que más me preocupa.

domingo, 31 de enero de 2010

Buenas noticias

Para mi deleite, hace poco tiempo me dijeron que el éxito era el lapso de tiempo que transcurre entre fracaso y fracaso. Simpático punto de vista. Benevolente.

De ese modo, uno puede ir por la vida justificando sus fracasos aludiendo que bueno, justo no está atravesando un lapso de tiempo exitoso.

Excelente excusa fracasados!!!



domingo, 24 de enero de 2010

Mi versión

Boquitas Pintadas

"Lo que pasa es que los chicos son muy crueles cuando empiezan a hablar, ¿sabe? En nuestra escuela, la utilización de las palabras no es soplar y hacer botellas. Nuestro sistema educativo está fundado sobre una firme creencia en el valor de las palabras. Y sobretodo de quien las utilice. Enseñamos a los niños a valorar la palabra desde que nacen. Y usted bien sabrá que uno no valora lo que tiene, hasta que lo pierde". Y así explicaba la directora de la escuela.


Como muchos conflictos de los seres humanos, éste empezó a gestarse en la niñez. Cuando tenía cinco años, era insoportable. No hablaba más, porque no le alcanzaban los codos; porque no tenía más por dónde. El quiebre fue cuando una maestra, un día, derramó sobre la niña lo poco de paciencia que le quedaba y la apodó “María Cotorrita”. Desde entonces, su boca empezó a hacerse cada día más chica. Los labios se fueron juntando todos los meses un poco más, hasta que no pudieron separarse. Y el tamaño iba disminuyendo paulatinamente hasta que terminó desapareciendo por completo. Así empezó la historia de María Cotorrita. Corrección: la Profesora María Cotorrita.


Experiencias como ésta, eran parte de la rutina de todos los días en ese lugar. Era un pueblo casi fantasma, del interior de Buenos Aires. Dónde sólo llegaba un tren, una vez por semana. Y donde la gran mayoría de la gente, al tiempo que crecía, debía acostumbrarse a vivir así; en el más profundo de los silencios.


Una vez adultos, los habitantes del pueblo intentaban reemplazar lo que habían perdido en la escuela. Pero casi en todos los casos, ocurría era que ya habían olvidado qué habían perdido, y sentían nostalgia por ese asunto. Admiraban a sus hijos chiquitos, tan libres, tan inocentes, tan completos…y tan poco que les duraría.


En el caso de María Cotorrita, que todavía era joven para la cruel pero ya naturalizada metamorfosis, debió canalizar sus aptitudes por otro lado. Con el tiempo, se convirtió en una observadora de la vida. Escuchó e investigó el proceso que empezaba en la infancia. Viajó a otros países y conoció otras culturas. Cosa que su gente no solía hacer, ni había hecho nunca antes.


Se le ocurrió entonces, comparar la educación de su pueblo con los nuevos lugares que había conocido. Notó que en otros países, algunos afortunados se dibujaban una boca nueva, como podían, justo debajo de la nariz. Algunos solo podían bosquejar una raya horizontal, más o menos curva, pero no del todo. De modo que siempre parecían apáticos. Otros, esbozaban una ondulación- con lápiz- y ahí quedaban; inseguros, inestables. Los que la dibujaban con regla quedaban condenados a la seriedad eterna. Muchos de ellos culminaban el proceso dibujándose una raya entre las cejas. De ese modo completaban su seriedad, y quedaban satisfechos.


El único problema era que los que no tenían la suerte de animarse a dibujar su propia boca, a veces necesitaban a alguien que lo hiciera por ellos. Y eso tenía un precio alto: claramente, sería el dibujante quién decidiera la forma de la boca, y con ella, todo lo demás- siguiendo la lógica explicada antes. Entonces, quién permitiera que otro dibuje su boca, quedaría atado al diseño que ideara el dibujante. Así, quién nunca se había sorprendido, era muy probable que experimentara ese gesto, después de que algún gracioso le dibujara un círculo debajo de la nariz.


Sorprendentemente, no encontró muchas diferencias entre su pueblo y el resto del mundo. Lo esencial atravesaba todas las culturas. La única diferencia radicaba en que en las escuelas de su pueblo, nadie enseñaba a dibujar, ni mucho menos a pintar.


Hoy, María Cotorrita, es la primera y única profesora de dibujo y pintura que revolucionó el mundo de esta manera. Desde que fundó su propia escuela, miles de madres del mundo le agradecen en todos los idiomas, el poder escuchar a sus hijos durante toda la vida. Desde las mayores y más delirantes incoherencias adolescentes, hasta las verdades más crudas y más ciertas de los niños; que son liberadas al mundo desde sus pequeñas boquitas pintadas.

viernes, 15 de enero de 2010

Que tengas un malísimo 2010!

Me acerqué para contar cuántos días quedaban para irme de vacaciones. Buen pronóstico. Sólo veinte. Después me detuve a ver el “motivo” del calendario. Yo diría estampado, una vieja diría: “Ay, me gusta ese motivo, con florcitas”. ¿Motivo? Es genial.

El lugar común de los calendarios regalados. Una frase por mes, esas reflexiones que pretenden ser grandes verdades o como diría mi amiga Penélope, la publicista, de una manera más top, “insights”. O esas frases que supuestamente le levantan a uno el ánimo, la moral- todo menos las tetas.

Cuando leí la primera frase morí del asco. Resucité y morí del asco once veces más porque todas eran un asco. El mensaje era completamente negativo. Me propongo mirar al 2010 con una actitud más positiva. A continuación las 12 reflexiones a las 12 estupideces que leí en el almanaque.

1) “No se moleste, el otro carril se mueve más rápido”. OK, si esa es la idea entonces, no estudies, no trabajes, no hagas nada para progresar, total los que elijan otra opción van a ir más rápido que vos. Simplemente por que el otro carril se mueve más rápido, y siempre es en donde vos estás. Es lo mismo que decir “no intentes cambiar tu vida de mierda. Total va a seguir igual”. Además, buen consejo para enero, las vacaciones, los carriles, los peajes. Malísimo.

2)“Quienes viven más cerca son los últimos en llegar”. Esto no ayuda a nadie. Hace sentir idiotas a los puntuales que vivimos lejos, y no le da chances de cambiar su impuntualidad a los que viven cerca. ¡Eso es cadena perpetua!

3)“Cuando todo lo demás falle, lea las instrucciones”. Es el peor consejo que escuché en mi vida. Parece como si lo hubiera escrito Homero Simpson.

4) “Nunca discuta con un tonto, la gente podría no notar la diferencia”. Si bueno, el consejo es bueno, pero ¿Gente? Yo me esfuerzo todos los días para que deje de importarme lo que dice la gente, y viene esta frase idiota a destruirlo todo. Yo lo reformularía: No discuta con un tonto. Y si la gente piensa algo, tampoco discuta con ellos, también son tontos.

5)“La persona que sugiere dividir la cuenta en partes iguales en la que pidió el plato más caro”. ¡Esta frase pretende que me fije y compare cuánto gastan los demás y cuánto gasté yo! Me niego. Y no es ese el modo de pensar tampoco si vos querés vivir una vida feliz. Yo lo reformularía: “Divida en partes iguales, si la pasó bien con sus amigos, y no quiere hacerse malasangre”.

6)“En el único momento en que todos van a llamarlo usted estará en el baño”. Genial, estúpido, ¡Lleváte el inalámbrico! Y más si es tu cumpleaños y sabés que te van a llamar a vos.

7)“Las camisas que vienen con botones de repuesto nunca pierden los botones”. ¡Mucho mejor entonces! Podés hacer una colección de botones no utilizados, un collage o un collar. No te vas a convertir en el loco de los botones por mirar el vaso medio lleno.

8)“Si usted está en un pozo, deje de cavar”. Tétrico. Además, dicen que julio los prepara y agosto se los lleva. No da esta frase en agosto. Simplemente no da.

9)“Es imposible hacer algo a prueba de tontos porque los tontos son muy ingeniosos”. Esto es el peor pronóstico que leí en toda mi vida. Además, el que escribió esto ¿no será uno de esos ingeniosos tontos? ¿O la tonta soy yo? Mucha soberbia maneja ese almanaque.

10)“Toda vez que usted comienza a hacer algo encontrará que debió hacer algo antes” Si, eso es verdad. Pero si te acordás en octubre, vamos mal. Esta era una buena frase para enero.

11) “Todo lleva más tiempo del que usted piensa”.Claro, pero como diría Juan Peruggia ¿Y ahora me lo venís a decir? Insisto con el concepto anterior.

12) “Si algo puede fallar, fallará”. Perfecto. Linda manera de arrancar el 2011. Además, podría agregar que en el 2012 nos morimos todos y ahí sí. Destila mala onda. Y en todo caso, esa frase creo que era de Murphy y era “si algo puede fallar, fallará en el peor momento”. Eso es más completo, por lo menos.

Me imagino al editor de este almanaque. Anteojos cuadraditos, la cara arrugada como una pollera de bambula, el cigarrillo abandonado que se apagó solo en el cenicero y la persiana subida hasta la mitad. Y seguro se cree re vivo.

sábado, 2 de enero de 2010

De este lado del charco

Una amiga de la infancia me hizo una bromita tonta una vez. Me preguntó si yo sabía qué significaba 7up. Le dije que no. “Siete Uruguayos Putos”, me respondió. No me causó gracia. No por nada en especial, es que simplemente no entendí qué odio puede tener una persona argentina por un uruguayo, para expresarlo tan claramente, a los diez años. Sencillamente no la entendí. Podría haber aceptado quizás un agravio contra otras nacionalidades. Estaba más acostumbrada a “ingleses putos, devuelvan las Malvinas” o algo así. (O bien podría haber sido "Siete Últimas Penas": si lo relacionás con los tragos que tenés que tomar para que se te vaya el hipo, tiene mucho sentido)

La cuestión es que me acuerdo de eso siempre que tomo 7up. No es un hecho tan frecuente, pero cuando pienso en eso veo la imagen de la botellita torpe, que poco tiene que ver con un uruguayo, y además ¿por qué “putos”? A mí Fido Dido siempre me pareció un dibujito simpático. Y Drexler me cae muy bien.

Hace poco tiempo conocí a un uruguayo que estaba viviendo en Argentina. Es mozo de un barcito en Belgrano. Fue testigo de mis manos temblando, intentando sostener el vasito de coca, el sándwich de pollo, el resaltador y las fotocopias al mismo tiempo.

Un día se acercó a hablarme. Qué estudiás, cuánto te falta y qué rápido que come esa chica.
Me deseó suerte el día que rendí la última materia, pero no paró de hablarme un solo segundo. Mi horita de almuertudio se pasó volando. No quise culpar al pobre mozo. El tipo es simpático, me deseó lo mejor, pero habló demasiado. Y yo estaba un poco nerviosa.

Hace menos tiempo que eso, fui a almorzar un domingo con mi familia, y nos tocó nuevamente un parlanchín mozo uruguayo. Después empecé a pensar que quizás era una característica típica de ellos. (Digo, ¿Por qué lo primero que me entero es de su nacionalidad)?

Mea culpa (si tomó mucha 7up gratis). Nunca fui de pocas palabras. Y si estoy de buen humor y me dan un poco de charla, puedo asegurar que en el 80% de los casos se arrepienten de haber entablado un monólogo conmigo.

Entonces se planteó una suerte de sintonía con el mozo. Le agradecí que haya sido tan perceptivo, que me haya recomendado un postre que según él iba con mi personalidad y le confesé, para halagarlo con ironía, que lo único que faltaba era que me trajera un novio.

Grave error. Mi nuevo ex amigo sugirió que yo no tenía novio, en resumidas cuentas, porque era una bocasucia. Y no sólo eso. Dejó claro que ni yo ni mis hermanas estábamos en pareja por la misma razón. Y no calló. Agregó que él tenía una hija de 18 años que estaba a punto de casarse, porque en su casa no se dicen malas palabras, que ante todo la educación, el respeto a las formas del lenguaje, y que la mujer argentina de hoy era poco femenina y que deformaba las palabras, hablando prostibulariamente.

Tengo tres imágenes de ese momento:
1- La cara de orto de mi papá. (Sí, porque no es lo mismo tener cara de orto que “tener cara de estar ofendido”)
2- La cara de mi abuelo paterno, hace años, con su pícaro: “Hablar bien no cuesta un carajo y trae un beneficio de la puta madre, nena, je je”
3- La boca del mozo, que olvidó la intuición, y no dejaba de moverse.

Y la cuarta, no es una imagen, sino una idea chistosa que compartí conmigo misma justo en ese momento: un tarrito de plástico que dice “Chica” con letra de primer grado, completamente vacío. Claramente no ocurrió: mi viejo no será Sarmiento, pero le dio la misma propina que le hubiera dado a un mozo mudo.

Entonces, discutimos horas, los cinco animales disfuncionales, con la panza llena, pero la moral hecha trizas. Que no deberían darle tanta importancia, que tómenlo con humor, que debería haberse callado, que el tipo tiene razón, que somos indios, que que tenga razón o no es otro tema, que paremos con esta charla, que el tipo es un pelotudo, que hace dos horas que seguimos con lo mismo, que te afectó lo que dijo el mozo, papá.

Que quede claro. Para darme cuenta si un tipo es un pelotudo, lo último que hago es averiguar dónde nació. Además, si es argentino, creo que tiene más chances de ser un pelotudo. O por lo menos de que yo me dé cuenta cuán pelotudo es. Pero papá no. Mi papá no, eh.

Retomando el contacto con el mozo de Belgrano, volví después de un tiempo, a darle una segunda oportunidad. Pero yo llevaba una mala noticia a cuestas: no me había ido del todo bien en la última materia. Y el tipo nuevamente no supo callar: que si vieran cuánto estudiaste, que estoy seguro que no te lo merecés, que a veces uno tiene que esforzarse más, que la próxima la vas a aprobar, pero qué es lo que te habrá pasado, siempre con las fotocopias, pero qué injusto…

Si bien me prometí no pisar ese bar nunca más, a la semana volví. Más relajada, a almorzar y tomar sol. Y ahí estaba el tipo otra vez, que sin protector te vas a hacer mal, que está muy fuerte el sol, que la próxima sentate más así y vaya a saber cuántas cosas más.

Quizás sea todo una casualidad, pero a mí me suena más a complot uruguayo. La misión: recordarme constantemente lo ordinaria, maleducada, no licenciada, estúpida y soltera que soy.