domingo, 20 de diciembre de 2009

Yo leo el diario online

Me levanto temprano, ya soy grande, no jodo a nadie. Hace diez años atrás, si me levantaba a esta hora, ya estaba saltando alrededor de la cama de mis papás pidiendo a gritos un poco más de atención. Pobres viejos, lo que han tenido que soportar.

Pero no, hoy me quedo en la cama, en silencio y termino de leer un libro. Con la indescriptible sensación de “la tarea realizada” que me da terminar un libro, me levanto de la cama.

No pongo mucha atención a quién está en casa, si bien están todos despiertos también, haciendo la suya.

Me cambio, así nomás, como solo un domingo permite que se vista una persona. Jean usado, la misma remera con la que dormí y unas ojotas que tienen como cuatro o cinco centímetros de plataforma. Eran blancas.

Me acuerdo cuando me las compré. El caprichito de pagar ochenta pesos por un cacho de goma que estaba de moda. Pero nadie podía discutir que era mi caprichito, bancado por mi propia plata. Sin embargo, en ese momento, me cansé de escuchar acusaciones infames tales como “pero si son sólo un cacho de goma”, “esas en Brasil las encontrás más baratas” y “¿blancas? Son un color muy sucio m´hijita”.

Orgullosa de mis plataformas, pero con la cara destruida como solo un domingo a la mañana una persona normal puede tener, me voy a comprar el diario.

Tranquila, me ocupo de avisar a donde voy, para que después no pregunten, y me ocupo de llevarme el celular, por si preguntan. Obvio, nadie pregunta.

Brevísimas tres cuadras me separan del puestito de diarios de la estación. Ahí me acuerdo que tengo un billete de cien. Y me digo a mi misma: “me la juego, me hago la boluda y después veo si lo ayudo con las monedas”. ¿Es pecado saber que quizás te vas a poner de culo al quiosquero y jugártela igual? Yo creo que no.

Cuando llego al puestito de diarios el quiosquero me dice que no, que La Nación no le queda más. Me ofrece Clarín, ¡como si fuera lo mismo! No, creo haber dicho La Nación. A ver, no me encanta, pero me levanté con ganas de leer ese diario y no otro. Creo que eso tampoco es pecado.

Un porcentaje de mi conciencia se alivia, porque no tendría que mentirle, diciéndole que no me había dado cuenta que llevaba un billete de cien.

Pero el otro porcentaje de mí se pregunta qué hora es y por qué ya no tiene más. ¿Estamos todos locos? ¿Cuántos compra un tipo que tiene un puesto de diarios en la estación? Es domingo. Es San Fernando. Está bien. Se lo damos por válido. Y son las once y veinte.

No está resuelto el tema del diario aún. Al parecer siempre logro lo que me propongo. De ahí me voy derechito al quiosco de la plaza. Practico el mismo discurso, que el billete, que recién me levanto, que no me dí cuenta todavía cuántos pares son dos botas, y que no miré ni siquiera cuánta plata tenía cuando salí de casa.

Y voy caminando, paso por un edificio con espejo, y me miro. Definitivamente contra la cara no hay nada que hacer, pero esta chica sí que está alta eh.

Una cuadra más y ya estamos, voy pensando en qué sé yo, hasta que percibo el terremoto, el horrible fracaso de la caída en la vía pública.

Es que la tirita finita de goma que separa mi dedo gordo del resto de las otras cuatro horribles creaciones del pie, se salió de su lugar.

Cuando tenía las otras, las bajitas, eso se arreglaba rápido. Metiendo la tirita de goma otra vez en el agujerito y ya estaba listo.

Recuerdo nuevamente que casi siempre que me propongo algo lo logro, casi siempre. Y el puto plastiquito no se quiere ubicar en su lugar. Así que reformulo cuál era mi propósito incial : yo quería leer La Nación. Vuelvo a casa en patas y me cruzo con mi remisero de confianza que me pregunta cómo estoy. Primer pecado del día: le digo que estoy bien, todo bien.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Perras jodidas

La jauría entera estaba acostumbrada a triunfar, malcriada por mí misma, habituada a pisotear lo que me queda de ser humano. Siempre ganaba. Experta en controlar mi cuerpo como si fuera una marioneta, bloqueando mi cerebro y mis sentidos. Y yo, adiestrada, resignada, siempre le permití a la jauría ser mecenas de mis acciones.

Qué vergüenza, qué decepción, cuántas veces me habré arrepentido de haber soltado a ese conjunto de maníacas perras, carnívoras, desquiciadas que destruyen todo a su paso, incluyéndome a mí.

Me propuse controlarla de una vez por todas. Tarea difícil. La injusticia, la maldita inoportunidad de ciertas noticias tienta a las perras, las incita a la violencia. La inmunda cachetada irónica que te devuelve la vida cuando te hiciste mucho la viva. Y la jauría que sale al ataque, que se enoja y le encanta, sabe ser libre y hacer de las suyas. Y le fascina hacérmelas pagar muy caro después.

Darle punto final al círculo vicioso sería todo un desafío. Antes intentaba meterlas en un cuarto. A escondidas peleaba con ellas y las molía a palos. Finalmente se quedaban mudas, pero solo por un tiempo. Después algunas se recuperaban y se molestaban por cosas viejas. Malditas perras salvajes. Siempre se acuerdan de todo y nunca olvidan la venganza.

Y un día-no se cuando fue- me cansé de pelear con ellas puertas adentro. Entonces empezaron a ganarme -aunque ya venían ganándome desde hace tiempo. Es que parecía más fácil soltarlas. Cuando hierven adentro y hacen fuerza por salir, enloquecen, ladran, afilan sus dientes, les brillan los ojos. Las perras tensionan sus músculos, se preparan para atacar, huelen al miserable a quien van a pisotear. Golpean fuerte adentro, exigiendo salir. Hasta que lo logran, y todo es un desastre. Ante cualquier mínima tentación sale la jauría entera, enloquecida, y hace de las suyas. Derraman sangre y lágrimas, cobrándose víctimas inocentes. Y dejan impune al verdadero responsable. Todo al revés. Es que no son justicieras esas perras, son simples ejecutoras del vandalismo, puro ruido y manifestación iracunda. No llevan nada noble en sus acciones.

Pero justo ayer vi a una y la agarré. Estaba furiosa, al borde de la rabia. Yo estaba a punto de soltarla, no podía con ella. Casi lista para tomar el camino más fácil, no recuerdo por qué, decidí tomarla de las patas. Luchó conmigo- todavía tengo un par de marcas en la piel- y se soltó. Cobré fuerza, me tomé un segundo y pensé. Si tomaba un bozal y una correa, por lo menos iba a lograr que no me ataque, y después vería como atarla, con más tiempo y estando fuera de peligro.

Y eso hice. La perseguí y cuando la alcancé la mire bien fijo. Disfruté tenerla en mi poder. Creo que le grité algo también. Le puse el bozal y la até. Cuando la tuve de la correa me parecía mucho más calmada. La dejé atada a un palo de por ahí. Pensé que quizás en otro momento necesitaría de su energía. También me reconfortó saber que ahora yo podría elegir qué hacer con ella.

Todavía me falta mucho para poder controlar a la jauría. Ayer mientras triunfaba con esta perra, se me soltaron dos o tres más. Pero ahora se que también puedo ganar yo.

Algún día domaré a la jauría entera. Y ellas harán lo que yo les diga, y no al revés.

martes, 1 de diciembre de 2009

Detector de humo


Cuando los detectores de humo se accionan, despiden una agresiva lluvia. En realidad lloran por temor al incendio que creen estar apagando- o por ahí lloran por la despedida. Son tristes las despedidas, ¿por qué un detector de humo no puede ser sensible?

Esta es la historia de un pobre detector de humo. Luminoso, intermitente, molesto. Pero eso sí, argentino. Un detector que con el tiempo supo ser piola. Y que no tardó mucho en comprarse sus primeros Ray Ban.

Pero no puede negar que la vida le proporcionó un duro entrenamiento.

El pequeño detector creció en un barrio bajo, visitado frecuentemente por “El engaño”, tío de “La mentirita tonta”. Y “El Chamuyo”, que pasaba a tomar mate, inocente primo de “La Falacia” y “La exageración”. Todos hijos de “La Soberbia”, en su mayoría. Algunos eran vástagos no reconocidos de “La labia”) La mayoría eran mujeres- qué crueldad.

Fue vendido por primera vez e instalado en la casa de un hombre mujeriego, lindo, argentino. Y el joven detector lloró sus penas como loco. Escuchaba infamias telefónicas, leía conversaciones de chat y lloraba, y lloraba. No podía evitarlo, era su naturaleza.

Lo vendieron de segunda mano y lo compró un profesor. Licenciado en administración, pero ejerciendo como profesor de “Dirección de empresas II”. El menospreciado detector, maltratado y enjuiciado injustamente lloró nuevamente cuando vio al licenciado corrigiendo exámenes, escribiendo con rojo “5(cinco): este escalón de Maslow no es el de autorrealización”. Lloró mares y fue despreciado nuevamente.

Desgastado, llegó a una oficina de una multinacional, donde se rodeó de quince detectores más, por lo menos. El ya maduro detector había aprendido ciertos secretitos de la gente. Y cuando estaba viendo como un supervisor peleaba su ascenso frente a la gerencia con inútiles presentaciones de power point, se encontraba a punto de llorar, cuando decidió mirar a los otros quince. Los tres detectorcitos que tenía más cerca lo ayudaron:

-“pst, che, ey…calladito eh. No hagas lío acá, andá a saber que piensan de vos. Después se corre la bola que llorás por cualquier cosa, que sos un débil. Mejor quédate en el molde, si querés conservar el puesto”.

Y el detector calló.

Pasaron los años, y pasó por aulas y aulas de exámenes orales, en los cuales los alumnos se sacaban 4 (cuatro), atravesó las crisis más duras cuando lo enviaron al senado, y se consagró como “piola” cuando sobrellevó la crisis de trabajar en la tele.

Finalmente logró entender ciertas cosas de la vida. A saber:

-que en situaciones de crisis, probablemente es mejor seguir a la masa. Y que si de última si nos equivocamos, nos equivocamos todos.

-que no necesariamente hay que ser vendedor para vender humo.

-que si vas a llorar por cada vez que te venden humo, fuiste.

-que si bien la mayoría de las veces en las que se detecta humo, usualmente no hay fuego, por las dudas: ¡Cuidado! Debés estar muy cerca de un vendedor de humo.

Más sabe el detector por viejo, que por detector...¿era así no?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Humilde tributo en mi idioma







¡Ay! Joaquín

Y se le viene a la mente “No sopor, no sopor”. Y se enoja más todavía.

-¿Por qué mierda habrá hecho un rap?¿En qué carajo estaba pensando y por qué no se dedicará exclusivamente a la balada, que es lo suyo?


Es tarde. Respira profundo. Escupe un fresco humito por la boca. El frío húmedo de Buenos Aires la pone de peor humor. Y esa bufanda a cuadros no la abriga nada. Pura decoración.

Mira el reloj. Ansiosa; No sopor estar ahí mucho tiempo más. Ya le dieron las once hace rato.

-El próximo viene dentro de veinte minutos eh...


-¿Cómo es cuándo estabas acostumbrado a otra cosa y de repente cambia, y no se puede controlar? Supone que uno se va acostumbrando a la fuerza, no puede elegir, pero ya está ahí.


Y le gustaría estar escuchando Barbie Superstar en este momento, pero no tiene pila el mp3. Y no compra, porque le da bronca que estén caras, no tiene un duro y no quiere pelear con Nicanor, el quiosquero gay de Retiro.

No tiene ningún don en especial. No sabe tocar ningún instrumento, excepto los intentos fallidos de flauta dulce en séptimo grado. Nunca aprendió a bailar. Eterna espástica.

Se baja del subte, camino al tren. Le respondería que no es ninguna señora, y que no, monedas no tiene. Supone que si estuviera en Madrid la rutina sería la misma seguramente. La ciudad muy parecida dicen. Pero estaría en Madrid, joder.

Y lo más insólito, lo menos adecuado. Un sexo masculino, entre veinte y treinta años, un intento de hombre.

-Qué gorda que estás


Procesando ... Pensando una respuesta.

Conectando con el servidor … Girando hacia el objetivo.

-¿Y vos, te creés muy lindo?


-Yo sí, mas o menos lindo. Si.


-Ah bueno, nunca te miraste al espejo. Sos más feo que un culo y te falta muchísimo para ser lindo.



-Y a vos mucho para ser flaca…


Digiriendo la impertinencia, procesando <<…>> Volviendo hacia el objetivo.

-¡¡¡ %&&$#!!!


Escuchame una cosa flaco. Vos en el chamuyo sos malísimo ¿no? Es más, se te nota en la cara. ¿Hace cuánto que no la ponés?

Si esto fuera una canción de Joaquín, en la próxima estrofa estarían desnudos, borrachos o drogados. Y en la siguiente estrofa sería de mañana y al verse las caras, ojeras malvas, simplemente se querrían matar.

El subte anduvo mal. Y el tren peor. Y la maldita suerte típica de No sopor, No sopor: cuando saca el boleto no se lo piden. Y cuando se lo piden, usualmente no lo sacó y ahí viene el estribillo, que se repite, todos los días más o menos igual.

-¡Ustedes son todos unos vagos, hijos de puta, que no quieren laburar!



-Epa, que boquita


-¡Me importa un carajo viejo, qué te metés vos, muerto de hambre!



-Todos unos negros hijos de mil puta. Lo hacen apropósito


Sabe que esa pasión es una ruina, pero no lo puede evitar. Siempre es la misma audiencia. Alfiles azules disfrazados de trabajadores. Ejército de piedras. Musas inspiradoras de la queja más común, de la catarsis pura. Chivos emisarios de la mierda de la ciudad.

Y los otros topos, del gris laberinto-sospecha que sean del mismo palo que ellos. Comparten los mismos códigos, pero son más inteligentes. Transitan cronometrados, emanando mugre a la mugre que está encima de ellos.

Ella sabe que en este momento podría gritar << ¿Qué hecho yo para merecer esto?>> Pero como no tiene pila no dice nada.

La rutina la pone histérica, al borde de un ataque de nervios. No encuentra una puta razón para deshacerse del asco que le provoca la obligación de desenvolverse en ciertos ámbitos. Si fuera una sopa de letras, ella sería un Sudoku incompleto, nivel tres.

El viaje continua, no sopor. Recuerda las frases de su madre <>. Eso es fácil. Definitivamente no ha patentado un modo de andar.

Un día más, la estación, el tren, las mismas caras. Y el gran dilema. Sacar el boleto o no sacarlo. Es que el problema va más allá de los ochenta centavos. Es una cuestión personal. Ya sabe lo que va a pasar: se viene la misma pasión, el torbellino, los daños a terceros.

Y una completa desconocida, virgen milagrosa corta el pensamiento con una breve declaración:


-Saqué un boleto a Vicente López. ¿Te sirve?


-Em.. Si. ¿Pero no lo vas a usar?


-No. Tomá



-Te lo pago, dale

Difícil arte. Comprende entonces que de eso se trata. Una de cal y una de arena. Pensar despacio para andar de prisa. Una lección que todavía le cuesta mucho entender.

Si fuera más vieja conocería mejor sus letras y escribiría menos desastres. Así es como cantar en la ducha, una pena.


domingo, 22 de noviembre de 2009

biología y llanto

¿Existe alguien más con el poder suficiente para definir qué amerita mi llanto y qué no?


¿Qué pasa si una mariposa en Singapur murió de tristeza porque se enteró que su vida duraría solo un día, y yo quiero llorar por eso?

Dejadme en paz, malditos mandatos sociales, que acá no se llora o que los hombres no lloran. O inclusive que llorando no se arregla nada. ¡Permítanme la libertad del caudal sin sentido!

Sea el día catorce, o el treinta y cuatro, llueva o solee, déjeme llorar cuando yo quiera. Yo disfruto del nacimiento. El nudo en el pecho que se siente justo antes de la primera lágrima. Ese momento incontrolable-solo en apariencia. Cuando corre la primera lágrima y cuando lo admito: si, estoy llorando. Admitir el propio llanto es encontrar la llave que descomprime el nudo. El parto de la nueva era, futuro alivio pasajero.

La mariposa ya murió, pero detrás de ella otro simpático gusanito se salió del chaleco, animándose a vivir a su breve vida.

("Shit happens" me dijo una amiga). Dejalo ser, llorá y no escuches a nadie. Después volvé a empezar. Punto.

domingo, 15 de noviembre de 2009

No es simple. No es Claro.


No se quién fue que dijo que las nuevas tecnologías facilitan la comunicación. Pero es mentira. Si no existiera facebook ni msn, ni los celulares, las relaciones serían más simples. Pensalo un segundo: si te interesa hablar con alguien, tendrías que ir a la casa y notificarle tu interés, en persona. Claro, el esfuerzo que habría que hacer para eso dejaría bien claras las cosas. Además, irías al punto.<< ¿Qué tanta vuelta, si ya estoy en la puerta de tu casa?>> se dirían esas inteligentes personas. Además, ¿qué tanta hipótesis? Las hipótesis sobre las relaciones no hacen más que quemarnos cada neurona. Y cuando ya no queda ninguna neurona, y tenemos que hablarnos no podemos ni pensar en lo que decimos. Ya derrochamos toda nuestra energía metaconjeturando. (significa la conjetura sobre la conjetura; el popular "meta conjetura y conjetura")
Además:
1. No existiría el histeriqueo. ¿Viene hasta la puerta de tu casa a histeriquear? No creo.

2. Ya no habría nada más que decir. Ya estaría todo dicho. ¿Qué más agregar? Una sonrisa, ¿unos mates? (Yerba, ¿hay?)

3.No existirían las mentiras, ni el compromiso. Si es tu cumpleaños, que la persona vaya y te diga feliz cumpleaños en la puerta de tu casa. Punto. El resto... boolshit. Feliz cumpleaños por mensaje de texto, una mentira más de la sociedad digital.

Las relaciones deberían marchar en dirección a la simplificación. Sin embargo al parecer, cada vez se alejan más de ese destino.
Cuantas más herramientas aparecen, más tengo que aprender. ¿Bilingüe te creías? Pobre de vos. Ahora tenés que saber un montón de otros idiomas.

A saber:
El idioma faceboook
Para empezar, si no tenés facebook sos un freak. O por ahí te la das de freak. Es muy probable que si no tenés facebook no seas indiferente a su existencia. Si no tenés facebook, es por que lo odiás.
Si alguien te busca en Facebook "así de la nada", sin ser amigos en la vida real -y es del sexo opuesto-: en algún punto te quiere dar. Por más que no lo admita.

El chat de Facebook es pirata: ojo con eso. Está sucio. "Puc-Puc". Me da pirata.
Si el 90% de tus amigos son del sexo opuesto, no estás en pareja. Es obvio.
Las galletas de la fortuna, la granja, la posta, las frases de "..." son boludeces para rellenar y dar tema de conversación sin contenido a todo el mundo. Eso implica que estás un poco al pedo, y que en algún punto, te interesa llamar la atención de alguien.

"Esto me gusta": Cuidado con esa frase. No seas gil, que se puede entender cualquier cosa. La inocencia esta perdida en esta comunidad.


El dinámico idioma de msn

Si no tenés msn, de verdad, sos un freak. No hay excusa con eso.

Si alguien se conecta y se desconecta, una y otra vez. Y otra vez. Quiere llamar la atención de alguien, desesperadamente.

Los nicks que expresan estados de ánimo están hechos para que otro les pregunte qué les pasa. Los nicks que son canciones o partes de canciones. Ojo con esto también. La inocencia está cuasi perdida en este medio.
Las canciones en los nicks son como los chistes entre suegras y nueras. SIEMPRE tienen un fondo de verdad, un mínimo porcentaje. No jodamos. Es así.

Los nicks de feliz cumpleaños son copados. El cumpleañero se siente popular si un buen porcentaje de su lista de contactos le dedica un nick. Ayuden al cumpleañero en su cumpleaños, por favor.

La gente que pone su nro de celular en el nick necesita afecto. Poner lo que se está haciendo en el nick es viejo. Eso se hacía en ICQ y después se estiró, hasta aproximadamente el 2005. Si alguien lo sigue haciendo probablemente quiera informarle a otro alguien lo que está haciendo pero no se anima a hablarle.
Los nicks que son una o dos palabras que no te significan nada, es porque no son para vos. La gente no es idiota. Si pone nicks para llamar la atención de alguien, y vos no lo entendés, es porque no sos ese "alguien". (2+2, no tenés chance)

Los nicks que son "nombre+apellido" o "nombre". Personas aburridas.
Los zumbidos son herramientas de puro awareness (ver entrada de blog anterior, "el awareness en la era digital" era, o algo así).

Si en un mensaje mandás solamente un emoticón es porque no sabés que decir, o simplemente porque te cansaste. No hay tema ni lo va a haber. La conversación ya fue. Superalo.

Dicen que la gente que conserva mucho tiempo la misma imagen para mostrar es porque no cree haber salido lindo en muchas fotos más. (hipótesis a corroborarse por la autora en lo próximo)
Unirse a la red de alguien todavía es muy nuevo. Puede sonar freak, pero esas personas son las precursoras de todo. Siempre un paso más allá. Como los que ya tenían facebook en 2006.

El idioma del celular.
Un mensaje recibido a las seis am por alguien del sexo opuesto un sábado implica que quiere tener sexo en el 90% de los casos.

Un mensaje de texto vacío es igual a un zumbido de msn.

No existen los errores. Ya no. "me equivoqué, y se lo quería mandar a tal" ya es viejo. Fue válido en una época, pero hoy no te cree nadie. Sea verdad o no. Cuidado.

Cuando recibís un mensaje de texto de un número desconocido es imposible emocionarte. Después se descubrirá si es equivocado o quién.

La llamada perdida hoy es entendida como el hecho más patético del universo (a menos que sea un número amigo, previamente acordado el código con el amigo)
La llamada por teléfono un sábado a las 6 am por parte del sexo opuesto implica necesidad sexual en cualquier caso.

¿Por qué vivimos bajo la maldita condena de tener que entender todo esto y mucho más para poder relacionarnos correctamente con la gente?

Me estresa de sólo pensarlo. La estresante conjetura me da miedo, asco y sobretodo me provoca mucha ansiedad. Miro mis uñas y no lo puedo creer.

Una de dos: o eliminamos facebook, msn y los celulares o hacemos manuales que se enseñen desde la primaria lo que debemos saber para relacionarnos correctamente.

Nota: cualquier coincidencia con la realidad es pura verdad.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cuestión de principios


Me mandé una cagada. Yo sabía-quiero decir, desde chica lo sé. Desde el momento en que empezás a dejar de ser una nena, y a tomar las riendas. Definitivamente, yo sé que me tengo que cuidar. Me pregunto todo el tiempo, y no paro de torturarme. ¿Cuántas veces me lo han dicho? ¿Cuántas veces me lo dijo mi mamá?

Desde hace mucho tiempo se que no debo sucumbir a la tentación. Que cuidarse uno mismo es una de las responsabilidades más importantes que nos confiere la vida. Única e intransferible. Y que, además, no sólo se trata de cuidar el cuerpo; es una cuestión puramente de dignidad, tolerancia y constancia. Es un trabajo de todos los días. Y ayer, no me cuidé.

Si, todo eso ya lo sé. Pero en el momento… no me pude resistir. Es esa adrenalina de saber que estás haciendo algo mal, pero que te encanta, se disfruta en el preciso y mismísimo momento en que te estás mandando la cagada.

Pero sabés que después el precio que tenés que pagar puede ser alto. Culpa, unos días de nudo en el pecho y revuelto en el estómago. Ansiedad, ataque y agresión a las propias uñas. Pobrecitas mis uñas ¿qué tendrán que ver? Siempre están pagando las consecuencias de mi ansiedad.

No es por justificarme, pero en esos momentos, todo pasa tan rápido, que casi no hay tiempo de pensar. Se nos presenta, como siempre, la aburrida, pero sólida y razonable opción de hacer las cosas bien. Y al mismo tiempo, dando vueltas por ahí, saltando como idiota, la peligrosa, tentadora y divertida opción de hacer las cosas mal. Esta vez elegí la segunda. Además en este momento del año, que uno empieza a planear…no se en qué estaba pensando. No, definitivamente, no estaba pensando.

Pero elegí así, entre otras cosas, porque no era yo sola la que la pasaba bien en ese momento. Él también. Y en esos momentos, no hace falta hablar. Esas cosas se notan en la cara, en la expresión. Esas sensaciones se escapan del mundo de lo verbal. Y pasan, despacito, y sin hacer mucho ruido, al confuso mundo de las interpretaciones, lo subjetivo y las meras percepciones. Pero yo sabía que él también hubiera elegido lo mismo que yo.

Guiándome entonces, por el utilitarista que existía en mí, “un acto bueno es el que logra la máxima felicidad para el mayor número de personas”, me dejé llevar. Los dos deseábamos lo mismo. Pero claro, ahora yo cargo con esta culpa y preocupación que solo las mujeres tenemos que soportar. Por naturaleza, los hombres tienen esa capacidad de no culparse por estas cosas.

¿Qué necesidad tenía de darle el gusto? Yo se que él lo disfrutó, por que además estoy segura que lo único que quería era sentir como yo me entregaba a él, y al producto de sus manos.

Por educada y complaciente, no pude decir que no. Definitivamente, ese panqueque con dulce de leche que le acepté al chef no era estrictamente necesario. ¿Y ahora? Ya está, mañana empiezo en serio y dejo de mandarme cagadas.

viernes, 23 de octubre de 2009

ESTAMOS TRABAJANDO


Estimado seguidor: este blog será actualizado en pocos días. Estoy trabajando para la licenciatura y no tengo tiempo de escribir lo que se me canta. Disculpe las molestias y tenga paciencia. Lo mejor está por venir.

sábado, 3 de octubre de 2009

angustia

A mi me da un poco de pena cuando me doy cuenta que algunas personas de este mundo necesitan valerse de lo material para estimular el crecimiento de su autoestima.
La terrible dependencia que crean en esas personas ciertos objetos inanimados (notebook, iphone, auto, ipod, us$, miles de cosas más) se inclina hacia una ostentación frente a otros. Ostentación que apunta a la admiración ajena como resultado. O fanatismo. No se qué.
Refleja, claramente, un terrible padecer interno, el cuál compadezco con un poco de ternura.
Por eso, cuando huelo esa angustia en ciertas personas, las acompaño.
Si, es falso. Pero no puedo evitar la triste complacencia, de ayudarlos en su proceso de crecimiento de la autoestima. Es que, si no tienen otra salida, sinceramente, no se puede hacer nada con ellos.
Y, de corazón, les deseo lo mejor.

viernes, 2 de octubre de 2009

PONIENDO ESTABA LA GANSA


Hace un tiempo anuncié que esto iba a pasar. Hoy llegó el día. Finalmente, se cumplió la profecía. Me satisface decir que viví para ver mi predicción hecha realidad.

A mi no me gustan los números, pero esta vez me esforcé por hacer unas cuentas. Necesarias para saber si yo tenía razón.

Teniendo en cuenta que: cuando saco el boleto, y no me lo piden, me llevo un disgusto; y que cuando me lo piden, y no lo tengo, también me llevo un disgusto...

En un mes, hay 20 días hábiles.

El boleto del tren me sale 1.10 por día.

En 1 mes, el gasto sería de $22

Hace 5 meses que hago el mismo viaje todos los días: $110 en boleto de tren

Nunca lo pago: $110-$110= 0

Cantidad de multas recibidas a la fecha por no pagar: 1. Valor: $10

Entonces: $110-$10= $100

Conclusión: en 5 meses me ahorré $100, una hora y media de tiempo por cada minuto no perdido en sacar el boleto, y 99 disgustos.
El balance, sin lugar a dudas, sigue siendo positivo, y las proyecciones para los próximos meses dependerán de las próximas dos semanas.
Si en los 10 días hábiles que vienen, todos los días tengo que pagar multa, recién ahí estaría en cero nuevamente.
Pero, SIGO GANANDO YO. ¿por qué? Porque hoy no me disgusté, simplemente pregunté: "¿Donde pago la multa señor?" La pagué, y hasta le dije "buen día". Qué generosa la gansa.



domingo, 20 de septiembre de 2009

La Peor

Viste como es Leticia… hay ciertas cosas que le pasan solamente a ella. Para empezar, concretó con el tipo este bizarro que te había contado. Lo que no se si te conté es cómo lo conoció. El tipo es amigo de una amiga suya. Le gustó desde la primera vez que lo vio, que lo trajeron al bar.

El chabón, aparentemente, re bizarro. O sea, es esa gente que se la da de “loco rayado” y en realidad después te das cuenta que es un Bambi. Esa fue su teoría desde el principio, que se yo. Para que me entiendas: le dijo que tenía 30. Después le dijo que tenía 28. Y más adelante admitió que tenía 27.

Ella lo buscó y empezaron a chatear. Desde el principio empezó con cosas medio raras: primero le dijo que era gay, después que tenía novia. Y después le dijo que en realidad, tenía novia y vivía con dos minas más, sólo amigas.

Bue, la primera vez que salieron, fueron a un bar en Las Cañitas. Resultó ser vegetariano (claramente freak) así que comieron pizza y cerveza. Además, era de esa gente que no toma nunca, y se pone en pedo rápido. Hablaron de temas copados, según me contó, y le habló de su novia y otras mentiras más.

A la vuelta, iban caminando y le encajó un beso. Le dijo que tenía una linda boca (típico comentario para hacerse el loco, para mí). La invitó al departamento y ella dijo que no. Insistió, y le repitió que no. Después le mandó mensajes al estilo “esto no se queda acá”. Bien Leti, eh.

Ese viernes a la noche la invitó a salir. La llevó a un sucucho en Rivadavia y Junín. Falso sucucho igual, porque había cola para entrar, y esperaron una hora. El bar era tipo bolichón, re raro. Adentro había gente de todo tipo. Había africanos, hippies, chicos bien, (GCUs de todo).

Primero intentaron comer algo, pero la comida era un asco. Imaginate, con el paladar de Leticia, no la podés llevar a cualquier lugar(¿?). En un momento a él le sonó el celular y se fue a hablar afuera. Ahí ella descubrió que tenía dos celulares (re pirata). En fin, tomaron cerveza, y otra vez al segundo vaso ya le había pegado. (O se hacía, andá a saber)

Terminaron en Once. Entraron caminando (¡Caminando!¿?) y como él le dijo al tipo de la caja “te pago la noche”, ella asumió que se iba a ir de Once a las Once de la mañana del otro día. Típico de Leticia (asumir, digo).

La cuestión es que se despierta tipo seis, preguntándose si habría roncado. Miró el celular, se acomodó, apagó la tele y esas cosas de “sigo durmiendo”.

En eso él se despierta, todo sobresaltado y le pregunta qué hora era. Ni bien ella le dijo, se empezó a vestir. Leticia, que ya no entendía mucho, le dijo casi riéndose “Qué, ¿ya te vas?”(Definitivamente cuando se quiere hacer la graciosa, es la peor). Y el flaco, que por primera vez habló en serio y como medio preocupado le dice: “Si obvio, yo no puedo caer a las once de la mañana. Si le dije que salía con los chicos…”

En eso… ella se acuerda que tenía que venir a laburar. A la madrugada estaba en Once, y al mediodía tenía que estar en un campo de la loma de quién sabe dónde. Igual, se hizo la que estaba relajada. Mentira, es obvio que le re jodió. Pero como siempre, la reina del hermetismo, no le soltó ni una pista de enojo.

Cuestión que llegó al lugar del casamiento re tarde (imaginate que estaba completamente pasada de rosca). No había descansado, obvio… y encima estaba bastante ofuscada. Imbancable, entre nosotras.

Se puso a armar la barra. Daba órdenes, apurada. Si bien no había tomado mucho la noche anterior, tenía como ese asco al alcohol del “día después”. Se le re notaba, porque al principio me dejó todo el laburo a mí. (Típico de jefe)

Como los ayudantes que le tocaron éramos buena onda, tuvo suerte. Pero de todos modos los dueños del lugar querían que esté ella en la barra. No se, viste esos clientes que ya la conocen y les gusta como labura ella y quieren que lo haga ella y nadie más…

Encima viste que al principio, todos quieren Gancia batido y después daiquiri; después ya no saben ni qué quieren, o no se dan cuenta… Infaltable los que empiezan a caer tipo tres que quieren que bailes con ellos y todo eso. A esa hora ya estaba bastante recuperada, había asumido el rol de nuevo. Por que había estado descolocada. Mal.

Casi al final, solamente quedaban un par de borrachos ahí tirados. Por lo general, eso es un buen signo. Y ahí, en el mismísimo momento de recibir la felicitación, y de manguear la propina por ser simpática, cae el novio. Yo lo saludé re bien, obvio. Pero me resultaba raro porque no lo habíamos visto en toda la noche aparecer por la barra. Claro, ¡¡¡¡Adivina quién era el novio!!!! ¿¿¿La podés creer??? Cuando me dí cuenta, me tuve que ir. No podía aguantar la risa.

Lo que le dije que rescate a su favor es: el tipo tuvo la despedida de soltero más aburrida del planeta: estuvo con una sola mina y en un telo de Once. Igual lo de aburrida se lo dije con onda, no para desmerecerla; es la jefa. Y la novia (a esa hora, ya era la esposa), pobre, que se yo. La reconforté cuando le dije que mientras siguiera soltera, eso no le iba a pasar a ella.

Che, de esto, ni una palabra eh. Le dije que no iba a decir nada, y como siempre, acá me tenés...

viernes, 18 de septiembre de 2009

en el tren

Cuando tenía 8 años, mi maestra de tercer grado, Daniela, quién ya me había traumado en segundo grado cuando me dijo que yo no sabía pintar (cuánta razón tenía), preguntó en una clase de matemática qué otro modo de expresar los números decimales existía. Aseguró que le iba a poner un diez al que respondiera eso. Y yo dije "fracciones". No me explico de donde salió esa palabra, porque sinceramente, me enteré en ese mismo momento. Por eso me acuerdo tan claramente de eso, catorce años después. (¿catorce son?)
En la época dónde todas eran púberes, yo era una nena. No se que tiene que ver eso, pero no importa.
Cuando tenía quince años, la profesora de biología nos pidió que nos aprendieramos una tabla complejísima, con todas las hormonas , y qué funciones tenía cada una. Yo lo estudié porque era nueva en el colegio, y no quería arrancar mal. Todas las hormonas me estudié. No me olvidé de ninguna. Me tomó lección y me puso un diez. Después todos mis nuevos compañeros me aplaudieron y fui nerd por un tiempo. Aunque todavía conservo rasgos nerd que no voy a negar. Y olfa también. Si, ¿y? Me fascina. Es un tema resuelto.
A los dieciseis o diecisiete la profesora de química nos seleccionó para participar en la olimpíada de química. No me acuerdo si salí primera o segunda. Pero fui nerd por un tiempo más. Y a mi papá seguramente se le cayó la baba.
A los dieciocho, mi primer fracaso de la mano de los números. Hicimos un desastre. Estudiamos los logaritmos y las tangentes, para después terminar robando el exámen. Nos creíamos que eramos lo máximo.
Por unos meses pensé que quería ser física-médica. Después decidí que iba a estudiar agronomía. Finalmente, me decidí por kinesiología. Y traductora, siempre quise ser traductora.
Después creí que tenía que ser cocinera. Sentí que sería el orgullo de mi abuela, que me enseñó a hacer buñuelitos de manzana en nuestra panadería de fantasía. Se llamaba Forza Italia.
Hice pastelitos y tragos por un tiempo, pensando que definitivamente, lo mío era la gastronomía. Mi papá compró coctelera y un montón de botellas.
En el lapso de dos años, repartí volantes, vendí trajes de baño y animé fiestas de cumpleaños de nenes chiquitos.
En dos meses termino la carrera de relaciones públicas.
En veintidós años, el resumen más inconexo y menos creíble del mundo.

martes, 8 de septiembre de 2009

Quiero decirles: "NO a ustedes". ¿NO a quiénes?

No a los inútiles predicadores de "su" modo de vivir. No, a las personas que ocupan su tiempo, Y EL NUESTRO (porque tenemos que escucharlos) en dar consejos inútiles sobre cómo vivir la vida, qué hacer y qué no hacer.

Yo puedo entender que, como son más grandes, y la experiencia en la vida, y cuando vos fuiste a comprar el jean yo ya lo había hecho shortcito...y todo eso. Ok, lo entiendo. Pero...¿puedo no tener ganas de bancármelo?

Cuando necesito un consejo lo pido, y si el consejo es acertado, agacho la cabeza y lo acepto. Ahora, la pregunta que me preocupa y me llena el cuerpo de ácido, desde la cabeza al estómago, y de ahí, hasta la punta de las teclas es ¿por qué tengo que escuchar y dejarme evangelizar por la subjetividad pura de un equis, carente de autoridad para que me diga qué hacer?

NO a ustedes, los que van por la calle diciendo "¿y cuándo vas a dejar de fumar? ¿sabés que hace mal, no? Yo lo dejé hace ya veinte años..."
NO a las depiladoras, que te cagan a pedos si en un apuro decidiste tomar el camino más corto y menos doloroso, conocido como la gillete...y NO a tener que bancarse el "ay nena.. qué hiciste.. hiciste cagada? Y ahora como sacamos este enjambre?"
NO a las vendedoras de ropa, que te convencen de que ese color es para vos y se dan vuelta como una tortilla de papa babé cuando vos cambiás de opinión, y todo por el 2% de comisión!!
NO a las viejas, que dicen Yo no entiendo por qué empezaste a trabajar tan joven. Yo a tu edad era una boluda...y mirate, ahora cagaste!
NO a las personas que tienen un título de una carrera tradicional, y creen que las nuevas carreras son una pelotudés. NO, definitivamente NO a ustedes.
NO al consejo irrelevante, no esperado, no pedido, no deseado y finalmente descartado, porque le dijimos NO.

A todos los que predican y nos venden su Biblia, con los diez mandamientos de Cómo ser yo y con ese tono de "una lastima" o "qué picardía"... a todos, y cada uno de ellos, les declaro mi NO.