martes, 1 de diciembre de 2009

Detector de humo


Cuando los detectores de humo se accionan, despiden una agresiva lluvia. En realidad lloran por temor al incendio que creen estar apagando- o por ahí lloran por la despedida. Son tristes las despedidas, ¿por qué un detector de humo no puede ser sensible?

Esta es la historia de un pobre detector de humo. Luminoso, intermitente, molesto. Pero eso sí, argentino. Un detector que con el tiempo supo ser piola. Y que no tardó mucho en comprarse sus primeros Ray Ban.

Pero no puede negar que la vida le proporcionó un duro entrenamiento.

El pequeño detector creció en un barrio bajo, visitado frecuentemente por “El engaño”, tío de “La mentirita tonta”. Y “El Chamuyo”, que pasaba a tomar mate, inocente primo de “La Falacia” y “La exageración”. Todos hijos de “La Soberbia”, en su mayoría. Algunos eran vástagos no reconocidos de “La labia”) La mayoría eran mujeres- qué crueldad.

Fue vendido por primera vez e instalado en la casa de un hombre mujeriego, lindo, argentino. Y el joven detector lloró sus penas como loco. Escuchaba infamias telefónicas, leía conversaciones de chat y lloraba, y lloraba. No podía evitarlo, era su naturaleza.

Lo vendieron de segunda mano y lo compró un profesor. Licenciado en administración, pero ejerciendo como profesor de “Dirección de empresas II”. El menospreciado detector, maltratado y enjuiciado injustamente lloró nuevamente cuando vio al licenciado corrigiendo exámenes, escribiendo con rojo “5(cinco): este escalón de Maslow no es el de autorrealización”. Lloró mares y fue despreciado nuevamente.

Desgastado, llegó a una oficina de una multinacional, donde se rodeó de quince detectores más, por lo menos. El ya maduro detector había aprendido ciertos secretitos de la gente. Y cuando estaba viendo como un supervisor peleaba su ascenso frente a la gerencia con inútiles presentaciones de power point, se encontraba a punto de llorar, cuando decidió mirar a los otros quince. Los tres detectorcitos que tenía más cerca lo ayudaron:

-“pst, che, ey…calladito eh. No hagas lío acá, andá a saber que piensan de vos. Después se corre la bola que llorás por cualquier cosa, que sos un débil. Mejor quédate en el molde, si querés conservar el puesto”.

Y el detector calló.

Pasaron los años, y pasó por aulas y aulas de exámenes orales, en los cuales los alumnos se sacaban 4 (cuatro), atravesó las crisis más duras cuando lo enviaron al senado, y se consagró como “piola” cuando sobrellevó la crisis de trabajar en la tele.

Finalmente logró entender ciertas cosas de la vida. A saber:

-que en situaciones de crisis, probablemente es mejor seguir a la masa. Y que si de última si nos equivocamos, nos equivocamos todos.

-que no necesariamente hay que ser vendedor para vender humo.

-que si vas a llorar por cada vez que te venden humo, fuiste.

-que si bien la mayoría de las veces en las que se detecta humo, usualmente no hay fuego, por las dudas: ¡Cuidado! Debés estar muy cerca de un vendedor de humo.

Más sabe el detector por viejo, que por detector...¿era así no?

0 comentarios:

Publicar un comentario

Tomate tu tiempo y acotá..