Cuando le cuente a mis hijos qué hacía yo y cuáles eran mis costumbres a los “veinti-ene”, seguro también me avergüence de muchas cosas, pero esto es lo que tengo por ahora. Y no sé si está muy bueno.
Vivo en un mundo en el cuál hay que ir cada vez más rápido y escribir cada vez más cortito. Hablar poco, claro y conciso. Que se aburren y/o no entienden. Audiencias exigentes. Excitante y estúpidamente exigentes al mismo tiempo. Quiénes son esas audiencias y cuáles son las importantes son cuestiones que no tengo tiempo para pensar ahora. Pero también me desespera un poco. Esto se viene encima y uno ya está en el baile. No hay tiempo para pensar. Y bailar sólo temas cortos. Nada de cuatro cuarenta. Y si no se logra expresar todo de manera más breve y decir lo mismo implica alguna falencia comunicacional.
Dado que no manejamos el tiempo necesario para pensar, nos podríamos proponer, por lo menos, anotarnos en un papelito “acordate de pensar en tal cosa”. Para ver si en algún momento nos hacemos un ratito y nos detenemos a pensar.
Pero claro, “anotar en un papelito” es definitivamente obsoleto. Entonces ahora lo reemplazamos por la agenda electrónica y el recordatorio en el celular. Si yo pudiera hacerme una lista de cosas en las que “debería pensar” o “no debería dejar pasar”… pero por alguna razón que no tengo tiempo para resolver, simplemente llegué a la conclusión de que es poco probable darle curso a una acción tan pero tan coherente.
No hay tiempo para escucharnos todos. Sólo tienen que hablar los que tengan algo “importante que decir” y la definición de importante la sustenta la cantidad de tipos que escuchan a ese que habla cortito y fácil.
Tengo miedo de caer en eso. Tengo terror de haber caído en eso y no haberme dado cuenta. ¿Estoy vieja? ¿Estoy adolescente? O es la misma esquizofrenia que tengo en las venas desde que nací, sólo que ahora está expresada en términos de auxilio. O “¡¡Auxilio, estoy pensando!!”
En media hora por reloj, me haré acreedora de 45 temas en versión mp3. En una hora las tengo sonando en mi celular. Y en un día las tiene mi vecino, gratis. Dos meses después pasarán a manos de un encapuchado que me sorprenda en la calle. Auxilio, estoy pensando de nuevo.
El desafío es inventar el tiempo para vivir la vida además ¿no? Vivir, crecer, aprender, bailar, leer, hacer currículum, ver y participar del arte. Además de decir qué estamos haciendo. Yo no sé, pero a mí esto me está costando. Pensé que no iba a perder mi capacidad de escribir algo más largo de cientocuarenta caracteres. Y ahora tengo miedo.
Sinceramente ya estuve pensando esto durante aproximadamente cincuenticinco minutos y no llegué a nada. Y ya tendría que estar haciendo otra cosa. Siguiente. Siga participando. Anote, siga pensando, (¿vuelva a la libreta?) sálvese quién pueda. Esto es 2010.
(Esta reflexión está dedicada a un marciano. Si entendió algo que me explique, ya sabrá dónde ubicarme.)
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Fave

2 comentarios:
Quiero contactarte -primero por acá- y acordar para salir al aire en la radio, sobre este tema y/u otros.
¿Me dejás un "tubo"?
El mío es 4226-7660.
Hola Flor ,luego del efecto cervezeril de ayer , me acorde de tui blog, esta nota es exelente!!! Un timido y nuevo Bloggero? jajaja
Salute
Gabriel
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