Se levanta temprano, sale a trabajar, le espera un día largo. En la estación de tren, saca el boleto, y viaja parado. A las dos o tres estaciones consigue asiento. Es inmensamente feliz. Este día tiene que ser bueno!!! Llega a la oficina, mira su escritorio y encuentra un depósito de papeles, problemas por resolver. Se dice a sí mismo que es un buen día…nada malo puede afectarlo. Mira por la ventana del piso 2; está asomándose muy de a poco y con timidez el un aparentemente débil sol de invierno. Eso es lindo, ni una nube. Comprueba su teoría. ¿Es un tipo con suerte o se ha esforzado mucho para estar ahí?
No sabe la respuesta, pero tampoco tiene tiempo para pensarla; el teléfono suena, la casilla de mails chilla, seis o siete "windows" abiertas al mismo tiempo, etc. Son las seis de la tarde; hay que irse a la facultad. Pero hasta ahora fue un día excelente!!! Y nada puede arruinarlo. Viaja en subte, llenísimo. No importa, saca un libro y lee. Sonríe. En un abrir y cerrar de ojos ya está en la otra punta de la ciudad. Y la muchedumbre no le robó nada!!! Efectivamente, la única opción es: tenemos un buen día....
La clase termina un rato más temprano (Ya empieza a sospechar. No puede ser todo tan bueno).
Sentado en el subte, está volviendo a casa. Diez de la noche aproximadamente. Atento el individuo a las constantes amenazas del entorno, está sentado, agarra su bolso, no le pierde la atención.
Está conversando con un amigo, y en el momento menos esperado, siente dos sorpresivas cosquillas en la espalda. Cosquillas literalmente, esas en las que los dedos humanos se convierten en dos pinzas de cangrejo y que se clavan en la espalda de la victima, atacándola por los costados.
El individuo grita, asustado, casi blanco. El agresor es un niño, seis años como máximo. Mil partes por millón de paco en las venas, como mínimo. Drogado, ríe y se siente orgulloso de haber asustado a su victima. Cuyo color facial, va pasando de blanco a rojo.
Nuestro protagonista y su amigo se levantan y cambian de bagón. Nadie dijo nada, no pelearon con nadie.
Para subir al tren, justo hoy LE PIDEN BOLETO. Nunca nadie le pide boleto. Hoy si. El tarro de la paciencia ya está casi vacío. Intenta un diálogo con el guardia de TBA. Quiere entender por qué aparentan estar trabajando, cuando en realidad su uniforme completo ya es una mentira. (Claro, se visten en una mentira. A partir de ahí ...¿qué tanto de lo que digan o hagan puede ser verdad?)
El sujeto sabe que intentar un diálogo con eso, es perder el tiempo, kamikaze, una maniobra inútil. Pero admite todavía no haber controlado la totalidad de sus impulsos, y se deja llevar. Todavía le falta crecer.
Discute, fuertemente, insulta, patalea.
Se sube al tren. Se sienta. Ya conseguir asiento no es un milagro, sino "lo mínimo que uno se merece". Estando sentado, sigue conversando con su amigo de "que cómo puede ser… y el país en el que vivimos, y qué se yo"...
En el medio de la conversación el sujeto levanta la mirada y tiene en frente suyo a una chiquita, como mucho diez años. Parada en frente suyo, casi tocándolo, en silencio, con la mirada perdida, ojos exageradamente abiertos, mirándolo fijamente. Como si estuviera viendo a un muerto, como si estuviera loca. (esas miradas asustan)
El sujeto observa semejante espectáculo y dice: "Jajajajajajajajajajajajajajajaja, ustedes están todos de acuerdo, no? JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA" son una corporación y están todos conmigo hoy! Jajajajajaja- sigue riendo fuerte. Parece estar loco. Su amigo se ríe con complicidad.
La chiquita se sale de su papel. Encontró a alguien peor que ella. No pide plata. Huye.
El sujeto entiende. En aquellos momentos en los que pierde el humor, todo sale mal. Cuando lo recobra, simplemente todo sale bien.
“Sonría, lo estamos filmando”
Firma: el destino
Entries
Comments
Bookmark
Fave

2 comentarios:
muy bueno! quiero mas!
muy bueno esto che porq no lo vi antes me cague de risa
Publicar un comentario
Tomate tu tiempo y acotá..