¿Existe alguien más con el poder suficiente para definir qué amerita mi llanto y qué no?
¿Qué pasa si una mariposa en Singapur murió de tristeza porque se enteró que su vida duraría solo un día, y yo quiero llorar por eso?
Dejadme en paz, malditos mandatos sociales, que acá no se llora o que los hombres no lloran. O inclusive que llorando no se arregla nada. ¡Permítanme la libertad del caudal sin sentido!
Sea el día catorce, o el treinta y cuatro, llueva o solee, déjeme llorar cuando yo quiera. Yo disfruto d
La mariposa ya murió, pero detrás de ella otro simpático gusanito se salió del chaleco, animándose a vivir a su breve vida.
("Shit happens" me dijo una amiga). Dejalo ser, llorá y no escuches a nadie. Después volvé a empezar. Punto.





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