domingo, 22 de noviembre de 2009

biología y llanto

¿Existe alguien más con el poder suficiente para definir qué amerita mi llanto y qué no?


¿Qué pasa si una mariposa en Singapur murió de tristeza porque se enteró que su vida duraría solo un día, y yo quiero llorar por eso?

Dejadme en paz, malditos mandatos sociales, que acá no se llora o que los hombres no lloran. O inclusive que llorando no se arregla nada. ¡Permítanme la libertad del caudal sin sentido!

Sea el día catorce, o el treinta y cuatro, llueva o solee, déjeme llorar cuando yo quiera. Yo disfruto del nacimiento. El nudo en el pecho que se siente justo antes de la primera lágrima. Ese momento incontrolable-solo en apariencia. Cuando corre la primera lágrima y cuando lo admito: si, estoy llorando. Admitir el propio llanto es encontrar la llave que descomprime el nudo. El parto de la nueva era, futuro alivio pasajero.

La mariposa ya murió, pero detrás de ella otro simpático gusanito se salió del chaleco, animándose a vivir a su breve vida.

("Shit happens" me dijo una amiga). Dejalo ser, llorá y no escuches a nadie. Después volvé a empezar. Punto.

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