Desde hace mucho tiempo se que no debo sucumbir a la tentación. Que cuidarse uno mismo es una de las responsabilidades más importantes que nos confiere la vida. Única e intransferible. Y que, además, no sólo se trata de cuidar el cuerpo; es una cuestión puramente de dignidad, tolerancia y constancia. Es un trabajo de todos los días. Y ayer, no me cuidé.
Si, todo eso ya lo sé. Pero en el momento… no me pude resistir. Es esa adrenalina de saber que estás haciendo algo mal, pero que te encanta, se disfruta en el preciso y mismísimo momento en que te estás mandando la cagada.
Pero sabés que después el precio que tenés que pagar puede ser alto. Culpa, unos días de nudo en el pecho y revuelto en el estómago. Ansiedad, ataque y agresión a las propias uñas. Pobrecitas mis uñas ¿qué tendrán que ver? Siempre están pagando las consecuencias de mi ansiedad.
No es por justificarme, pero en esos momentos, todo pasa tan rápido, que casi no hay tiempo de pensar. Se nos presenta, como siempre, la aburrida, pero sólida y razonable opción de hacer las cosas bien. Y al mismo tiempo, dando vueltas por ahí, saltando como idiota, la peligrosa, tentadora y divertida opción de hacer las cosas mal. Esta vez elegí la segunda. Además en este momento del año, que uno empieza a planear…no se en qué estaba pensando. No, definitivamente, no estaba pensando.
Pero elegí así, entre otras cosas, porque no era yo sola la que la pasaba bien en ese momento. Él también. Y en esos momentos, no hace falta hablar. Esas cosas se notan en la cara, en la expresión. Esas sensaciones se escapan del mundo de lo verbal. Y pasan, despacito, y sin hacer mucho ruido, al confuso mundo de las interpretaciones, lo subjetivo y las meras percepciones. Pero yo sabía que él también hubiera elegido lo mismo que yo.
Guiándome entonces, por el utilitarista que existía en mí, “un acto bueno es el que logra la máxima felicidad para el mayor número de personas”, me dejé llevar. Los dos deseábamos lo mismo. Pero claro, ahora yo cargo con esta culpa y preocupación que solo las mujeres tenemos que soportar. Por naturaleza, los hombres tienen esa capacidad de no culparse por estas cosas.
¿Qué necesidad tenía de darle el gusto? Yo se que él lo disfrutó, por que además estoy segura que lo único que quería era sentir como yo me entregaba a él, y al producto de sus manos.
Por educada y complaciente, no pude decir que no. Definitivamente, ese panqueque con dulce de leche que le acepté al chef no era estrictamente necesario. ¿Y ahora? Ya está, mañana empiezo en serio y dejo de mandarme cagadas.





6 comentarios:
para! que carajo hiciste?
jajajaja arte papá....arte....
jajajajajaja como pretendes que no te pregunte eso? jajajajaja
jajajajajaja. Excelente.
Las tentaciones en cierta forma pasan a ser la forma mas brusca de moldear nuestra personalidad. Uno elige en el medio de tanta influencia, esa influencia te muestra ese peligro, esas ganas de perder la compostura, esa relajacion ante el placer, placer q no es gratis. Pero el precio solo cuenta para darte mas empuje a hacerlo, mas alto el precio mas altas las ganas de desbarrancar ante el deseo.
Esa ceguedad, ese momento en que tu cabeza anula todo tipo de llamado de atencion ante la cagada q estas por hacer es magico. chau razon, chau sentido comun, chau integridad. y en el acto una brisa te libera de tus preocupaciones posteriores y disfrutas del momento de la mejor manera, casi como si hubieras necesitado hacer eso.
Mañana sera otro dia, un dia muy largo donde la cabeza cual locomotora, dara vueltas y vualtas y vueltas en los pieles de las explicaciones, exucas y porques.
Tanto queria eso?
Tanto bueno estuvo?
Tan mal me voy a sentir ahora?
Igual siempre hay alguien que nos simplifica las cosas; en un verso, en una rima:
Le prohibieron la manzana
solo entonces la mordió
la manzana no importaba
nada más la prohibición.
Fanfarrio del cabrio. Los Redondos
El comentario más elaborado que recibí en mi vida. Gracias!!!!
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