Una amiga de la infancia me hizo una bromita tonta una vez. Me preguntó si yo sabía qué significaba 7up. Le dije que no. “Siete Uruguayos Putos”, me respondió. No me causó gracia. No por nada en especial, es que simplemente no entendí qué odio puede tener una persona argentina por un uruguayo, para expresarlo tan claramente, a los diez años. Sencillamente no la entendí. Podría haber aceptado quizás un agravio contra otras nacionalidades. Estaba más acostumbrada a “ingleses putos, devuelvan las Malvinas” o algo así. (O bien podría haber sido "Siete Últimas Penas": si lo relacionás con los tragos que tenés que tomar para que se te vaya el hipo, tiene mucho sentido)
La cuestión es que me acuerdo de eso siempre que tomo 7up. No es un hecho tan frecuente, pero cuando pienso en eso veo la imagen de la botellita torpe, que poco tiene que ver con un uruguayo, y además ¿por qué “putos”? A mí Fido Dido siempre me pareció un dibujito simpático. Y Drexler me cae muy bien.
Hace poco tiempo conocí a un uruguayo que estaba viviendo en Argentina. Es mozo de un barcito en Belgrano. Fue testigo de mis manos temblando, intentando sostener el vasito de coca, el sándwich de pollo, el resaltador y las fotocopias al mismo tiempo.
Un día se acercó a hablarme. Qué estudiás, cuánto te falta y qué rápido que come esa chica.
Me deseó suerte el día que rendí la última materia, pero no paró de hablarme un solo segundo. Mi horita de almuertudio se pasó volando. No quise culpar al pobre mozo. El tipo es simpático, me deseó lo mejor, pero habló demasiado. Y yo estaba un poco nerviosa.
Hace menos tiempo que eso, fui a almorzar un domingo con mi familia, y nos tocó nuevamente un parlanchín mozo uruguayo. Después empecé a pensar que quizás era una característica típica de ellos. (Digo, ¿Por qué lo primero que me entero es de su nacionalidad)?
Mea culpa (si tomó mucha 7up gratis). Nunca fui de pocas palabras. Y si estoy de buen humor y me dan un poco de charla, puedo asegurar que en el 80% de los casos se arrepienten de haber entablado un monólogo conmigo.
Entonces se planteó una suerte de sintonía con el mozo. Le agradecí que haya sido tan perceptivo, que me haya recomendado un postre que según él iba con mi personalidad y le confesé, para halagarlo con ironía, que lo único que faltaba era que me trajera un novio.
Grave error. Mi nuevo ex amigo sugirió que yo no tenía novio, en resumidas cuentas, porque era una bocasucia. Y no sólo eso. Dejó claro que ni yo ni mis hermanas estábamos en pareja por la misma razón. Y no calló. Agregó que él tenía una hija de 18 años que estaba a punto de casarse, porque en su casa no se dicen malas palabras, que ante todo la educación, el respeto a las formas del lenguaje, y que la mujer argentina de hoy era poco femenina y que deformaba las palabras, hablando prostibulariamente.
Tengo tres imágenes de ese momento:
1- La cara de orto de mi papá. (Sí, porque no es lo mismo tener cara de orto que “tener cara de estar ofendido”)
2- La cara de mi abuelo paterno, hace años, con su pícaro: “Hablar bien no cuesta un carajo y trae un beneficio de la puta madre, nena, je je”
3- La boca del mozo, que olvidó la intuición, y no dejaba de moverse.
Y la cuarta, no es una imagen, sino una idea chistosa que compartí conmigo misma justo en ese momento: un tarrito de plástico que dice “Chica” con letra de primer grado, completamente vacío. Claramente no ocurrió: mi viejo no será Sarmiento, pero le dio la misma propina que le hubiera dado a un mozo mudo.
Entonces, discutimos horas, los cinco animales disfuncionales, con la panza llena, pero la moral hecha trizas. Que no deberían darle tanta importancia, que tómenlo con humor, que debería haberse callado, que el tipo tiene razón, que somos indios, que que tenga razón o no es otro tema, que paremos con esta charla, que el tipo es un pelotudo, que hace dos horas que seguimos con lo mismo, que te afectó lo que dijo el mozo, papá.
Que quede claro. Para darme cuenta si un tipo es un pelotudo, lo último que hago es averiguar dónde nació. Además, si es argentino, creo que tiene más chances de ser un pelotudo. O por lo menos de que yo me dé cuenta cuán pelotudo es. Pero papá no. Mi papá no, eh.
Retomando el contacto con el mozo de Belgrano, volví después de un tiempo, a darle una segunda oportunidad. Pero yo llevaba una mala noticia a cuestas: no me había ido del todo bien en la última materia. Y el tipo nuevamente no supo callar: que si vieran cuánto estudiaste, que estoy seguro que no te lo merecés, que a veces uno tiene que esforzarse más, que la próxima la vas a aprobar, pero qué es lo que te habrá pasado, siempre con las fotocopias, pero qué injusto…
Si bien me prometí no pisar ese bar nunca más, a la semana volví. Más relajada, a almorzar y tomar sol. Y ahí estaba el tipo otra vez, que sin protector te vas a hacer mal, que está muy fuerte el sol, que la próxima sentate más así y vaya a saber cuántas cosas más.
Quizás sea todo una casualidad, pero a mí me suena más a complot uruguayo. La misión: recordarme constantemente lo ordinaria, maleducada, no licenciada, estúpida y soltera que soy.
La cuestión es que me acuerdo de eso siempre que tomo 7up. No es un hecho tan frecuente, pero cuando pienso en eso veo la imagen de la botellita torpe, que poco tiene que ver con un uruguayo, y además ¿por qué “putos”? A mí Fido Dido siempre me pareció un dibujito simpático. Y Drexler me cae muy bien.
Hace poco tiempo conocí a un uruguayo que estaba viviendo en Argentina. Es mozo de un barcito en Belgrano. Fue testigo de mis manos temblando, intentando sostener el vasito de coca, el sándwich de pollo, el resaltador y las fotocopias al mismo tiempo.
Un día se acercó a hablarme. Qué estudiás, cuánto te falta y qué rápido que come esa chica.
Me deseó suerte el día que rendí la última materia, pero no paró de hablarme un solo segundo. Mi horita de almuertudio se pasó volando. No quise culpar al pobre mozo. El tipo es simpático, me deseó lo mejor, pero habló demasiado. Y yo estaba un poco nerviosa.
Hace menos tiempo que eso, fui a almorzar un domingo con mi familia, y nos tocó nuevamente un parlanchín mozo uruguayo. Después empecé a pensar que quizás era una característica típica de ellos. (Digo, ¿Por qué lo primero que me entero es de su nacionalidad)?
Mea culpa (si tomó mucha 7up gratis). Nunca fui de pocas palabras. Y si estoy de buen humor y me dan un poco de charla, puedo asegurar que en el 80% de los casos se arrepienten de haber entablado un monólogo conmigo.
Entonces se planteó una suerte de sintonía con el mozo. Le agradecí que haya sido tan perceptivo, que me haya recomendado un postre que según él iba con mi personalidad y le confesé, para halagarlo con ironía, que lo único que faltaba era que me trajera un novio.
Grave error. Mi nuevo ex amigo sugirió que yo no tenía novio, en resumidas cuentas, porque era una bocasucia. Y no sólo eso. Dejó claro que ni yo ni mis hermanas estábamos en pareja por la misma razón. Y no calló. Agregó que él tenía una hija de 18 años que estaba a punto de casarse, porque en su casa no se dicen malas palabras, que ante todo la educación, el respeto a las formas del lenguaje, y que la mujer argentina de hoy era poco femenina y que deformaba las palabras, hablando prostibulariamente.
Tengo tres imágenes de ese momento:
1- La cara de orto de mi papá. (Sí, porque no es lo mismo tener cara de orto que “tener cara de estar ofendido”)
2- La cara de mi abuelo paterno, hace años, con su pícaro: “Hablar bien no cuesta un carajo y trae un beneficio de la puta madre, nena, je je”
3- La boca del mozo, que olvidó la intuición, y no dejaba de moverse.
Y la cuarta, no es una imagen, sino una idea chistosa que compartí conmigo misma justo en ese momento: un tarrito de plástico que dice “Chica” con letra de primer grado, completamente vacío. Claramente no ocurrió: mi viejo no será Sarmiento, pero le dio la misma propina que le hubiera dado a un mozo mudo.
Entonces, discutimos horas, los cinco animales disfuncionales, con la panza llena, pero la moral hecha trizas. Que no deberían darle tanta importancia, que tómenlo con humor, que debería haberse callado, que el tipo tiene razón, que somos indios, que que tenga razón o no es otro tema, que paremos con esta charla, que el tipo es un pelotudo, que hace dos horas que seguimos con lo mismo, que te afectó lo que dijo el mozo, papá.
Que quede claro. Para darme cuenta si un tipo es un pelotudo, lo último que hago es averiguar dónde nació. Además, si es argentino, creo que tiene más chances de ser un pelotudo. O por lo menos de que yo me dé cuenta cuán pelotudo es. Pero papá no. Mi papá no, eh.
Retomando el contacto con el mozo de Belgrano, volví después de un tiempo, a darle una segunda oportunidad. Pero yo llevaba una mala noticia a cuestas: no me había ido del todo bien en la última materia. Y el tipo nuevamente no supo callar: que si vieran cuánto estudiaste, que estoy seguro que no te lo merecés, que a veces uno tiene que esforzarse más, que la próxima la vas a aprobar, pero qué es lo que te habrá pasado, siempre con las fotocopias, pero qué injusto…
Si bien me prometí no pisar ese bar nunca más, a la semana volví. Más relajada, a almorzar y tomar sol. Y ahí estaba el tipo otra vez, que sin protector te vas a hacer mal, que está muy fuerte el sol, que la próxima sentate más así y vaya a saber cuántas cosas más.
Quizás sea todo una casualidad, pero a mí me suena más a complot uruguayo. La misión: recordarme constantemente lo ordinaria, maleducada, no licenciada, estúpida y soltera que soy.





4 comentarios:
Quiero que sepas que la pasé muy bien leyendo esto!! es una de las cosas mejor escritas que leo (según apreciaciones kekulísticas) tuya.
Cuando pienso en URUGUAYOS inevitablemente se me vienen a la cabeza varios episodios que tienen a jopi o a jovi como protagonistas intentando interactuar con ellos o hasta inclusive, dejándoles lecciones de vida inborrables. Supongo lo recordarás!
Puras cohincidencias.
ah y basta de ningunear la relación.
te quiero
Cierto. Lo olvidé. Estoy casada!!!! Yo también te quiero. Podrás disculparme?
Me encantó!! Que identificada me siento. Yo también tengo un imán para la gente que le gusta hablarle al aire en voz alta. Y justo entremedio estoy yo.
Pero el otro día lo que comenzó con una abuela regañándome porque fumaba, y "mirá lo que le pasó a Sandro" (pensó que tenía 16 años, algo que desmentí cuando me preguntó "¿Tu mamá sabe que fumás?"), terminó en todo un recorrido en colectivo a drede, hablando de su historia de vida, para despedirse en un "venime a visitar cuando quieras".
De las pocas veces que me quedé helada, mientas otra gente en el colectivo me sonreía por alguna supuesta "buena acción".
Algunos tenemos cara de orejas-esponja Flor, pero que siga fluyendo, y así la historia nunca termina.
Cuando era más chica tenía miedo de estudiar Publicidad por el temor a que un día dejen de caerme las ideas. Mientras la gente siga siendo gente, eso jamás ocurrirá. Ahora lo llaman Insight, es más top.
Feliz año para vos también nena!!
jajaja lo que me rei florchi, me encanto... me hice toda la escena del restaurant, tu cara, la cara de la tana y la de tu viejo.. espectacular!
Publicar un comentario
Tomate tu tiempo y acotá..