domingo, 24 de enero de 2010

Mi versión

Boquitas Pintadas

"Lo que pasa es que los chicos son muy crueles cuando empiezan a hablar, ¿sabe? En nuestra escuela, la utilización de las palabras no es soplar y hacer botellas. Nuestro sistema educativo está fundado sobre una firme creencia en el valor de las palabras. Y sobretodo de quien las utilice. Enseñamos a los niños a valorar la palabra desde que nacen. Y usted bien sabrá que uno no valora lo que tiene, hasta que lo pierde". Y así explicaba la directora de la escuela.


Como muchos conflictos de los seres humanos, éste empezó a gestarse en la niñez. Cuando tenía cinco años, era insoportable. No hablaba más, porque no le alcanzaban los codos; porque no tenía más por dónde. El quiebre fue cuando una maestra, un día, derramó sobre la niña lo poco de paciencia que le quedaba y la apodó “María Cotorrita”. Desde entonces, su boca empezó a hacerse cada día más chica. Los labios se fueron juntando todos los meses un poco más, hasta que no pudieron separarse. Y el tamaño iba disminuyendo paulatinamente hasta que terminó desapareciendo por completo. Así empezó la historia de María Cotorrita. Corrección: la Profesora María Cotorrita.


Experiencias como ésta, eran parte de la rutina de todos los días en ese lugar. Era un pueblo casi fantasma, del interior de Buenos Aires. Dónde sólo llegaba un tren, una vez por semana. Y donde la gran mayoría de la gente, al tiempo que crecía, debía acostumbrarse a vivir así; en el más profundo de los silencios.


Una vez adultos, los habitantes del pueblo intentaban reemplazar lo que habían perdido en la escuela. Pero casi en todos los casos, ocurría era que ya habían olvidado qué habían perdido, y sentían nostalgia por ese asunto. Admiraban a sus hijos chiquitos, tan libres, tan inocentes, tan completos…y tan poco que les duraría.


En el caso de María Cotorrita, que todavía era joven para la cruel pero ya naturalizada metamorfosis, debió canalizar sus aptitudes por otro lado. Con el tiempo, se convirtió en una observadora de la vida. Escuchó e investigó el proceso que empezaba en la infancia. Viajó a otros países y conoció otras culturas. Cosa que su gente no solía hacer, ni había hecho nunca antes.


Se le ocurrió entonces, comparar la educación de su pueblo con los nuevos lugares que había conocido. Notó que en otros países, algunos afortunados se dibujaban una boca nueva, como podían, justo debajo de la nariz. Algunos solo podían bosquejar una raya horizontal, más o menos curva, pero no del todo. De modo que siempre parecían apáticos. Otros, esbozaban una ondulación- con lápiz- y ahí quedaban; inseguros, inestables. Los que la dibujaban con regla quedaban condenados a la seriedad eterna. Muchos de ellos culminaban el proceso dibujándose una raya entre las cejas. De ese modo completaban su seriedad, y quedaban satisfechos.


El único problema era que los que no tenían la suerte de animarse a dibujar su propia boca, a veces necesitaban a alguien que lo hiciera por ellos. Y eso tenía un precio alto: claramente, sería el dibujante quién decidiera la forma de la boca, y con ella, todo lo demás- siguiendo la lógica explicada antes. Entonces, quién permitiera que otro dibuje su boca, quedaría atado al diseño que ideara el dibujante. Así, quién nunca se había sorprendido, era muy probable que experimentara ese gesto, después de que algún gracioso le dibujara un círculo debajo de la nariz.


Sorprendentemente, no encontró muchas diferencias entre su pueblo y el resto del mundo. Lo esencial atravesaba todas las culturas. La única diferencia radicaba en que en las escuelas de su pueblo, nadie enseñaba a dibujar, ni mucho menos a pintar.


Hoy, María Cotorrita, es la primera y única profesora de dibujo y pintura que revolucionó el mundo de esta manera. Desde que fundó su propia escuela, miles de madres del mundo le agradecen en todos los idiomas, el poder escuchar a sus hijos durante toda la vida. Desde las mayores y más delirantes incoherencias adolescentes, hasta las verdades más crudas y más ciertas de los niños; que son liberadas al mundo desde sus pequeñas boquitas pintadas.

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