Usualmente, uno se va de vacaciones y vuelve con muchas anécdotas y gente que conoció, o por lo menos, gente que uno vio.El verano pasado conocí a "Alegrín". Es irónico, pero esa noche, estábamos en Punta del Este (playa que no conocimos, porque en los tres días que estuvimos no paró de llover) en un camping a un kilómetro del centro, embarradas y sin ropa limpia. La carpa en la que dormía- nunca voy a decir "mi carpa"-estaba innundada, hasta los tobillos, sin exagerar.
Después de varios días de convivencia, y con el progresivo y nefasto sentimiento que provoca el declive de las vacaciones, estábamos cenando con mis compañeras de viaje. No puedo precisar exactamente quién estaba más harta, pero yo estaba en el Top 3 (eramos siete).
Esperábamos la comida, imaginando que milagrosamente al día siguiente saliera el sol, que rajara el firmamento y secara el pantano que teníamos adentro de la carpa, y de pronto se presenta frente a nosotras este personaje con una onda mística, vestimenta rara, un cetro. El mismísimo Buda. No dijo nada. Se plantó al lado mío con su cetro y una cara que decía "Hola". Cuando lo ví no pude parar de reirme. Y todavía no había dicho nada. Era un personaje. Sí está bien: era un showman de ciudad costera que se pasea por las mesas de los restaurantes para monologuear un poco, hacer reir, unos trucos y llevarse unos pesos. No, pero Alegrín era particular. Monologueó sobre las buenas ondas, las buenas y las malas vibras, acompañado de chistes tán básicos como decir: "Esperen que me peino para la foto" mientras se chupa los dedos y se los pasa por las cejas, desde el inicio, cerca de la nariz, hasta el final, en la cien.
No paramos de reirnos, le dimos unos buenos pesos uruguayos y nos alegró la noche. De verdad.
Ok, hasta ahí era una anécdota de las vacaciones. Resulta que en pleno invierno, día de trabajo y clases a la noche- a las once de la noche- en Retiro, aparece el famosísimo Alegrín, que resulta ser de mis pagos, y hacemos el viaje en el tren juntos. No es un personaje, no es un actor. Es él: Alegrín es Alegrín en todos lados. No paró de hablarme de su sueño místico, la ruleta de la vida, los llamadores de ángeles, el I-Ching, el Yin y el Yan, los chacras, reiki, el mandala del mensaje de los ángles (...) con su cetro hippie y sus ideas locas. También me habló de su novia Alegrina y de su sueño de irse a vivir a Merlo.
Alegrín y su automarketing místico. Me entregó su tarjeta (otra muy parecida a la de la izquierda). De la esquina cuelga un llamador de ángeles(?¿?). Y no sólo eso, su celular es un V3 con una carcaza personalizada, con una onda bien "natural" y dice Alegrimóvil.
Alegrín representó una salvación para mi humor en dos momentos de mi vida en los que lo necesitaba, y simplemente apareció, como Aladín, tal cuál.
Le pregunté su nombre de verdad y todo- jamás lo voy a llamar así igual....me conformo con saber que sigue vivo, y que cuento con la suerte de verlo alguna que otra vez, y que me alegre la vida con sus discursos sin sentido. Una y mil veces: GRACIAS ALEGRÍN






2 comentarios:
Alegrin, mira vos!
De este lado del rio de la guita hay un amigo que me pide alegrias cuando me compra sildenafil.
Vos decis Alegrin y a mi me da cosa.
FEDE Y LAS RATAS:
yo monologo, no monologueo
tu monologas, no monologueas
el monologa, no monologuea
guau..no sabía eso.
D.I.E.G.O.: a lo sumo cannabis...y esa no se vende en el mostrador (creo, no?)
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