jueves, 13 de agosto de 2009

Yo conozco a Alegrín

Usualmente, uno se va de vacaciones y vuelve con muchas anécdotas y gente que conoció, o por lo menos, gente que uno vio.

El verano pasado conocí a "Alegrín". Es irónico, pero esa noche, estábamos en Punta del Este (playa que no conocimos, porque en los tres días que estuvimos no paró de llover) en un camping a un kilómetro del centro, embarradas y sin ropa limpia. La carpa en la que dormía- nunca voy a decir "mi carpa"-estaba innundada, hasta los tobillos, sin exagerar.

Después de varios días de convivencia, y con el progresivo y nefasto sentimiento que provoca el declive de las vacaciones, estábamos cenando con mis compañeras de viaje. No puedo precisar exactamente quién estaba más harta, pero yo estaba en el Top 3 (eramos siete).

Esperábamos la comida, imaginando que milagrosamente al día siguiente saliera el sol, que rajara el firmamento y secara el pantano que teníamos adentro de la carpa, y de pronto se presenta frente a nosotras este personaje con una onda mística, vestimenta rara, un cetro. El mismísimo Buda. No dijo nada. Se plantó al lado mío con su cetro y una cara que decía "Hola". Cuando lo ví no pude parar de reirme. Y todavía no había dicho nada. Era un personaje. Sí está bien: era un showman de ciudad costera que se pasea por las mesas de los restaurantes para monologuear un poco, hacer reir, unos trucos y llevarse unos pesos. No, pero Alegrín era particular. Monologueó sobre las buenas ondas, las buenas y las malas vibras, acompañado de chistes tán básicos como decir: "Esperen que me peino para la foto" mientras se chupa los dedos y se los pasa por las cejas, desde el inicio, cerca de la nariz, hasta el final, en la cien.

No paramos de reirnos, le dimos unos buenos pesos uruguayos y nos alegró la noche. De verdad.

Todos necesitamos un Alegrín de vez en cuando
Ok, hasta ahí era una anécdota de las vacaciones. Resulta que en pleno invierno, día de trabajo y clases a la noche- a las once de la noche- en Retiro, aparece el famosísimo Alegrín, que resulta ser de mis pagos, y hacemos el viaje en el tren juntos. No es un personaje, no es un actor. Es él: Alegrín es Alegrín en todos lados. No paró de hablarme de su sueño místico, la ruleta de la vida, los llamadores de ángeles, el I-Ching, el Yin y el Yan, los chacras, reiki, el mandala del mensaje de los ángles (...) con su cetro hippie y sus ideas locas. También me habló de su novia Alegrina y de su sueño de irse a vivir a Merlo.

Alegrín y su automarketing místico. Me entregó su tarjeta (otra muy parecida a la de la izquierda). De la esquina cuelga un llamador de ángeles(?¿?). Y no sólo eso, su celular es un V3 con una carcaza personalizada, con una onda bien "natural" y dice Alegrimóvil.
Alegrín representó una salvación para mi humor en dos momentos de mi vida en los que lo necesitaba, y simplemente apareció, como Aladín, tal cuál.
Le pregunté su nombre de verdad y todo- jamás lo voy a llamar así igual....me conformo con saber que sigue vivo, y que cuento con la suerte de verlo alguna que otra vez, y que me alegre la vida con sus discursos sin sentido. Una y mil veces: GRACIAS ALEGRÍN

2 comentarios:

diego dijo...

Alegrin, mira vos!
De este lado del rio de la guita hay un amigo que me pide alegrias cuando me compra sildenafil.
Vos decis Alegrin y a mi me da cosa.

Condenada dijo...

FEDE Y LAS RATAS:

yo monologo, no monologueo
tu monologas, no monologueas
el monologa, no monologuea


guau..no sabía eso.
D.I.E.G.O.: a lo sumo cannabis...y esa no se vende en el mostrador (creo, no?)

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